Rottweiler
Orientación educativa

Crónicas de un veterinario agradecido

Vicente Omar Benítez Ortega


Sombra

Hice mi servicio social en el centro de control canino de Tláhuac, fue en aquel lugar donde aprendí y realicé mis primeras consultas como médico veterinario, mi trabajo consistía en la aplicación de vacunas y realización de esterilizaciones.

Las actividades comenzaban a las 8:00am, recuerdo que en ese entonces existía un camión que salía los martes y jueves a hacer “pesquisas”, las que consistían en atrapar perros y gatos callejeros, en variadas ocasiones debíamos ir a colonias de la delegación que en realidad eran ciudades perdidas, recogíamos alrededor de 50-60 perros cada día, muchos de estos animales capturados en la vía pública padecían enfermedades de todo tipo: sarna, pulgas, piojos, moquillo canino. A mí me sorprendía como en estas colonias populares deambulaban los perros por la calle con estas enfermedades. En realidad carecían de dueño, pero cuando aparecía el camión del centro canino toda la gente reclamaba la pertenencia de esos perros.

En una ocasión había un perro que estaba invadido por la sarna del tipo sarcóptica, dicha enfermedad es considerada zoonósis (enfermedad trasmitida de los animales a los seres humanos), cuando quisimos capturarlo toda la calle salió a defenderlo, una de esas personas abrazó al perro con fuerza y no dejó que lo lleváramos, les explicamos que la enfermedad que padecía el perro era peligrosa y contagiosa para ellos, la cual provocaba infecciones severas en la piel de los humanos, sin embargo eso no les dio la menor importancia y protegieron al can con piedras y palos.

En otras ocasiones rodeaban la camioneta y no la dejaban andar hasta que soltáramos a todos los perros, algunas veces teníamos que dejarlos ir por nuestra propia seguridad, y los perros continuaban caminando por toda la cuidad esparciendo sus enfermedades, era muy triste y frustrante pues a estos animales no se les daba atención médica y las personas convivían con ellos, los que más peligraban eran los niños, pues en ese entonces resaltaban los ataques por mordidas y rasguños de perros y gatos sin dueño. Las razas que más proliferaban eran las de ataque (pitbull, doberman, pastor alemán) la comunidad los usaba para peleas y cuando ya no eran de utilidad, simplemente los abandonaban en la calle a su suerte.

En otra ocasión, fuimos por un perro de raza bulterrier que había mordido a un niño de unos 8 años, al cual le había provocado lesiones muy graves en una pierna, cuando arribamos por el animal los mismos familiares del niño no nos lo querían entregar, a pesar del fuerte ataque y las lesiones psicológicas que había causado en el pequeño, con ayuda de la policía logramos capturarlo. La regla era que si un animal mordía a una persona y le dejaba daños físicos y psicológicos graves, dicho animal debía ser sacrificado. Tuvimos que enjaular al perro con candados y cadenas ya que sus mismos dueños querían ir a rescatarlo, recuerdo bien que hasta teníamos custodia de la policía para que no pudieran sacar al perro del antirrábico.

Entiendo que las maniobras que realizábamos en el centro de control canino probablemente eran crueles por sacrificar a estos animales, pero nuestro deber como médicos veterinarios ante todo es proteger la salud humana, particularmente me tocó observar perros y gatos contagiados de rabia, la cual es una enfermedad mortal y se transmite por mordedura a los humanos; cuando encontrábamos un animal de estos en la calle toda la zona quedaba establecida como “foco rábico” y teníamos que poner en observación a todos los animales alrededor de esta área, tuvieran dueño o no, gracias a estas acciones pudimos controlar y disminuir el nivel de la rabia en la delegación, a pesar de esto la gente seguía viendo con recelo nuestro trabajo y nos catalogaban como secuestradores y asesinos de perros, sin considerar que protegíamos su salud.

En una de esas pesquisas capturamos a un perro que en realidad era la cruza de un coyote con un perro callejero, alguien realizó esta cruza sin tomar en cuenta que los coyotes son animales de vida silvestre y que por su misma naturaleza mantienen el instinto predador, a este animal la comunidad lo mantenía como una curiosidad, por supuesto no lo vacunaban ni desparasitaban y por su mismo instinto esta criatura extraña provocaba muchos accidentes en esa colonia, nos costó mucho trabajo convencer a la gente para que lo entregaran, les prometimos que no lo sacrificaríamos y que lo donaríamos a un zoológico, solo así nos lo pudieron dar.

Cuando estuve en este lugar me percaté de la actitud tan irresponsable que tienen algunas personas con los animales, en una de estas pesquisas capturamos una hembra de raza rottweiler, era una perra de nueve meses de edad muy tierna y cariñosa, pero venia en malas condiciones pues tenía desnutrición y parásitos en abundancia, sus ojos eran nobles y no era nada agresiva, nos cautivó su forma de ser y decidimos buscarle dueño; la desparasitamos, la bañamos y la alimentamos adecuadamente. Muchas personas querían tenerla pero nos dimos cuenta que la querían para peleas de perro o para criar animales de este tipo, por lo que no nos decidíamos por entregarla, queríamos que tuviera un destino feliz, a esta perrita le pusimos por nombre “Sombra” y era una especie de mascota del antirrábico, nos acompañaba a todos lados y protegía el centro de control canino por las noches, uno de los doctores del centro quería adoptarla pero ya tenía demasiados perros en su casa, por mi parte, no podía adoptarla pues no tenía mucho espacio en mi casa para un perro de ese tamaño, yo era el encargado de pasearla, alimentarla y darle los cuidados que requiriera mientras le encontrábamos un buen dueño, me encariñé mucho con ella y estaba decidido a llevármela a casa a pesar del espacio tan reducido en mi hogar. Una semana antes de mis planes, comencé a notar que sombra decaía en su ánimo y comenzó a presentar diarrea leve, la empecé a tratar con suero y medicamentos sin embargo por la poca experiencia que tenía supuse que esa diarrea era causada por los parásitos que ella presentaba, noté que sombra comenzó a desarrollar problemas en la piel, poco después desarrolló neumonía y entonces confirmé el diagnóstico de una de las enfermedades más atroces y destructiva que puede sufrir un perro. No había duda sombra tenia moquillo, el cual adquirió en las calles donde ella deambulaba.

Esta enfermedad generalmente es mortal, lo único que podemos hacer como médicos es evitar que el virus invada al cerebro, en esa época no había medicamentos tan modernos como los de hoy en día, le apliqué antibióticos, desparasitantes, ungüentos para su piel y demás medicamentos, para evitar que el temible virus llegara a su sistema nervioso. Sombra no reaccionaba, tenía lapsus en los que se recuperaba un poco y después recaía, el tratamiento que se le dio se prolongó por semanas y después meses, de pronto Sombra empezó a recuperarse poco a poco, tenía mejor humor y mejoró notablemente su apetito, por un momento creí que se había eliminado el virus sin llegar a su cerebro, sin embargo después de 4 meses de tratamientos y cuidados minuciosos la perrita comenzó a tener un ligero tic en los labios, esa señal no era nada alentadora, los tics fueron prolongándose cada vez más, hasta que Sombra finalmente empezó con cuadros convulsivos. Nunca había tenido una mascota, quería que sombra fuera la primera, pero el virus logró su cometido invadiendo completamente su cerebro y ya no existía ningún tratamiento que pudiera salvarla. Finalmente tuve que sacrificarla, en ese momento comprendí el dolor y el sentimiento de pérdida que se tiene al ver partir una mascota, eso me hizo tener un poco más de comprensión y empatía con los dueños de los animales.

Sombra quedó para siempre en mi memoria y gracias a ella que me enseñó que se debe luchar hasta el final por salvar una vida.

M.V.Z. Omar Benítez Ortega.

En colaboración de la estudiante de Enfermería María Elena Moreno Mendoza.

Vicente Omar Benítez Ortega
Es médico veterinario zootecnista, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México.

Agregar comentario