Portada_libro_de_el_azteca_a_madero
Usos múltiples


Rafael C. Ibarra

Presentación del libro de crónicas y curiosidades “De El Azteca a Madero” de Jorge Arturo Borja.

La esfera interna de las cosas

En sus conferencias de 1803, Thomas Carlyle advierte que una de las características del héroe literato, es aquél que “mora en la esfera interna de las cosas”. Si hay una realidad interna en las cosas, ¿existe la posibilidad de una esfera externa como una manta que cubre la superficie, en donde lo trivial y lo temporal acontecen? ¿No es la crónica precisamente una narración de lo temporal en determinado momento histórico, esa manta que cubre la realidad?

El hombre tiene una instintiva tendencia a querer perpetuar su memoria. Primero quiere dominar toda la tierra a través del espacio, después quiere conquistar el tiempo. Parte de la esencia de lo literario, es la dominación sobre el tiempo. De la esfera de Carlyle pienso en otra esfera, la de Pascal, “una esfera espantosa, cuyo centro está en todas partes y la circunferencia en ninguna”. Me parece interesante el adjetivo espantoso que en otros idiomas derivados significa espectacular.

“De El Azteca a Madero”, de Jorge Arturo Borja en ese sentido es un libro espantoso que construye un mundo interno que no se encuentra en ningún punto de la superficie. Si bien el libro de crónicas y curiosidades, como el autor lo nombra, en su primera parte, nos lleva de la mano por la historia de la calle Madero, esta no la observa como simple planteamiento escenográfico, que llamaremos urbanidad, sino como esfera de lo íntimo.

Parece una obviedad decir que en una calle pasan cosas y vive gente. Dentro de esos edificios, desde el Atrio de San francisco, pasando por la palacio de Iturbide hasta el Casa de los Azulejos, hay emociones que fueron parte de la historia. Lo único que va quedando de la ciudad, son nuestras calles y edificios. La esencia íntima vive poco tiempo y pocas veces se devela detrás de los kilos de cemento y baldosa.

La superficie de las cosas, en el caso de Jorge Arturo Borja, no solamente es el hilo conductor de su libro, el Bar Negresco, la Florida, el Barco de Plata, La Corneta, El Azteca, sino que esa superficie sirve para contarnos historias oscuras con planteamientos brillantes. Si hablamos del Bar Negresco, observamos a Edmundo Valadés dar su clase, si vamos al Azteca, oímos cantar a Javier Solís. Las superficies solamente sirven para adentrarnos en su intimidad. Detrás del maquillaje de la ciudad, existe un corazón que late al ritmo de un desenfrenado Jorge Borja. El corazón enfermo de una ciudad maquillada.

La excitante narrativa de Jorge Arturo Borja nos lleva hacia los lugares más oscuros del centro de esta ciudad. Hacia ese vacío donde los que habitan, habitan en la noche y en esa otra esfera que da el alcohol, el encuentro permanente con lo incontrolable, con el caos. La circunferencia del alcohol como la vida misma. La noche como entorno de crónicas que no se pierden en el tiempo para perpetuarse en la memoria. Pensemos en el libro como el alcance de esa circunferencia y en la esfera íntima como el tema. El libro mismo es una superficie, generalmente de papel, que contiene cosas. El verdadero libro de Borja se lleva en la memoria y está escrito con silencio.

Más allá de la fluida narrativa que va de muchos de los antros desaparecidos de la Ciudad de México y sus escritores, la pregunta es ¿y qué habita detrás de la figura del escritor Jorge Borja? ¿Cuál es su esfera íntima y hasta donde llega su circunferencia?

Yo mismo no lo sé. Hay días en que esa piel dura me ha dejado entrever el misterio propio de su aventura y como un niño que ve algo prohibido, me he tapado los ojos. Siempre imagino lo que vería en su interior ficticio, en esa esfera oculta. Sin embargo, nunca he visto nada y he preferido imaginarme un charco de agua sucia que se le resbala por las manos a alguien.

En una de la curiosidades del libro, el autor nos dice, “Un libro es una camino, venturoso o desdichado, pero inevitablemente un camino. Si lo seguimos con atención, nos conducirá a un lugar distinto del que ocupábamos antes de leerlo”. Para mí, el libro “De el Azteca a Madero” funcionó como un camino y he seguido al hombre y al libro intentando descubrir algún mundo oculto tras él. Sólo he visto mi propio reflejo ya cambiado con los años.

Miércoles 12 de marzo, 2014.
Café Raíz, México, D.F.

Rafael C. Ibarra

Agregar comentario