Trabajador
Deserciones

Manual de Perplejos

Alfredo Gabriel Páramo


Trabajadores condenados al hambre

El salario mínimo, que debería alcanzar para cubrir las necesidades básicas de un jefe de familia, desde hace muchos años es una burla en nuestro país. Incluso ahora, cuando se homologan las zonas y se aumenta a 70.10 pesos diarios, se trata de un ingreso absolutamente insuficiente, que apenas sobrepasa los dos mil mensuales.

¿Qué se puede pagar con dos mil pesos mensuales? Prácticamente nada. Muchas personas tratan de defender este microsalario aduciendo que se trata de una referencia, que nadie gana eso. En realidad, más de seis millones de personas, equivalentes a 13.11 % de la población económicamente activa del país, gana ese sueldo; de ellos, poco más de la mitad (52.63 %) son mujeres y en su mayoría tienen 40 años de edad o más.

Resulta sobrecogedor saber que, además de recibir unos cuantos pesos por su trabajo, la mayoría de estas personas, más de 96 %, no cuentan con seguridad social. Trabajadores explotados, ni más ni menos.

Condenar al hambre a las personas es inmoral. Suponer que existen razones válidas para hacerlo, es criminal. Muchas voces se alzan en contra de aumentar los salarios mínimos; sin embargo, quienes ganan un poco más, de todas formas están infrapagados.

¿De cuánto debería ser el salario mínimo? Cuando menos, de acuerdo con investigadores y dirigentes obreros independientes, el salario mínimo debería ser de 210 pesos diarios y de allí partirían todos los demás. Además, por supuesto, deberían prohibirse los salarios “faraónicos” de servidores públicos.

altaircuatro@gmail.com

Alfredo Gabriel Páramo
Profesor, periodista, escritor. Twitter @lavacadiablo www.karacteres.com

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