Felicidad_solo
LA CLASE

Tema del mes

Alma Stéphanie Barbosa Aguilar


¿Solo? Momento perfecto para crecer

¿Qué es la soledad?
Aquel momento en el que el tiempo se detiene y me brinda la oportunidad de mirar
hacia adentro para identificar potenciales que ignoraba y convivir con quien en
todo momento me acompaña: mi propio ser.

A pesar de que el término soledad pudiera representar un factor negativo para el desarrollo de las habilidades interpersonales durante el crecimiento de un individuo, también es cierto que este factor supone el espacio, el momento oportuno que propicia el autoconocimiento, la autoevaluación y la autorregulación; lo que propicia una mejor adaptación a nuestros entornos sociales y afectivos como la familia, el contexto escolar, el trabajo, las amistades, etc. Asimismo, la soledad, como una invitada inesperada, asalta nuestros momentos de compañía, se presenta como aquel sentimiento de insatisfacción que no disfruta de la presencia de nadie, es aquella sensación de vacío, de aislamiento concurrido.

¿Acaso la podemos evitar? Quizá podríamos sacar ventaja de su presencia volátil y crecer como individuos. Ahora recuerdo que, durante mi niñez permanecía sola una gran parte del día. Mis padres trataban de realizarse en el ámbito laboral y tenían derecho a construir su vida, como seres individuales, deseosos de una personalidad única. Tenía la firme idea de que se habían olvidado de un ser totalmente dependiente de ellos, que los esperaba ansiosa en casa para compartir vivencias y aprendizajes. Y mientras la soledad y la apatía se apoderaban de aquella niña confundida, su carácter se fortalecía de tal manera que le orillaba a desarrollar habilidades metacognitivas, de sobrevivencia, de aprendizaje autónomo, de iniciativa, de autoevaluación y autorregulación. No se daba cuenta de que estaba en la familia perfecta, aquella que suelta las riendas de la sobreprotección, creando individuos autosuficientes, que desempeñarán un buen papel en un futuro cercano, proponiendo nuevas ideas, luchando por sus ideales, logrando vencer los obstáculos que la propia vida impone. Y si, como tan popularmente se escucha, la familia se responsabiliza de la educación de los individuos, ¿por qué no pensar en forjar hijos independientes? Esto no se traduce en mostrarles la cara de la soledad de manera forzada, sino optar por prácticas que promuevan el esfuerzo por alcanzar ideales encumbrados, conocer las consecuencias de cumplir o no con sus responsabilidades, saber canalizar los sentimientos de frustración, reconocer que el error es parte del crecimiento y del aprendizaje, crear un ambiente en que los niños y adolescentes, futuros ciudadanos, se sientan motivados, ansiosos de querer participar en las tareas que les competen de manera individual y colectiva dentro de nuestra sociedad. Así, como adultos, nos corresponde encontrar un equilibrio en la manera en que traducimos el mundo para ellos, nuestros hijos, nuestros alumnos. Un equilibrio coherente con lo que hacemos, sentimos, pensamos y decimos cada día de nuestra vida, en cada momento. Finalmente, recordarles que la soledad como un momento o como un sentimiento tiene beneficios múltiples, que los aprovechen y que reflexionen…

¿En un momento de soledad, tangible o intangible, sigues estando contigo mismo? ¿Lo aprovechas para conocerte, aceptarte y evolucionar? ¿O te victimizas, recurres a la autocompasión, cualquiera que sea tu situación, y sólo evades tus “problemas”? ¿Cómo la utilizas?

Alma Stéphanie Barbosa Aguilar
Egresada de la Licenciatura en Enseñanza del francés de la FES Acatlán. UNAM.

Gloria De la Garza. 11 de Junio de 2015 21:47

Interesante reflexión. Ciertamente, como ya lo expusieron algunos filósofos del Existencialismo, la soledad es un condición inherente al ser humano. Así que es muy positiva la propuesta de emplearla como un espacio de crecimiento, de autoconocimiento, siempre y cuando eso nos permita aprender a mirar al otro con empatía, considerándolo un semejante que enfrenta incertidumbres similares a las propias. Somos humanos porque tenemos conciencia de nuestra presencia en el mundo y por ello debemos ser responsables del efecto que nuestras acciones producen en los demás. La soledad orientada hacia la construcción del yo seguro y asertivo, debe ser también la base para la construcción de un nosotros tolerante, solidario y respetuoso del entorno natural y social. La soledad no debe ser la fuente del individualismo, sino el motivo que impulse a la relación armoniosa con los otros.

Alma Stéphanie Barbosa Aguilar. 12 de Junio de 2015 08:16

Muchas gracias por el comentario Mtra. de la Garza. En el transcurso de la vida, el crecimiento del “yo” puede ignorar la influencia que tenemos sobre los demás, y coincido con el hecho de responsabilizarnos de esta evolución y de compartirla con el fin de enriquecernos como sociedad.

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