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Sala de Maestros

Maestros y lugares en la historia educativa

Jesús Caballero y Díaz


Veracruz, capital de la modernización educativa del siglo XIX

El gobierno de Porfirio Díaz fue la dictadura de una burguesía formada al amparo de la constitución liberal de 1857 y de la conciencia triunfalista sobre el presunto imperio y la injerencia napoleónica. Dicha clase social concedió autoridad al caudillo sobre sobre los negocios nacionales para favorecer los propios, mediante concesiones legales y compromisos mutuos. El liberalismo político le cedía el paso al liberalismo económico en pragmático pacto entre las viejas clases conservadoras y las nuevas usufructuarias de la cercanía con el caudillo.

De entrada una reconciliación con la iglesia católica y un compadrazgo con el arzobispo Gillow de la ciudad de México, luego el matrimonio con la señorita Carmen Romero Rubio, hija de don Manuel Romero Rubio empresario de la clase conservadora antes enemiga del caudillo.

Atrás quedaban las Leyes de Reforma, la democracia liberal, adelante la dictadura, y las consignas positivistas de Orden y Progreso impuestas mediante la Pax porfiriana, esa del Lux, Pax, Vis normalista impuesto por el ingeniero Miguel F. Martínez, neolonés que fue director de la Escuela Normal de Profesores del Distrito Federal en esa dictadura.

La nueva burguesía ocupó a la dictadura en disponer el aparato del gobierno en su propio beneficio, veía al país como su cuerno de la abundancia: un inmenso territorio casi despoblado, casi sin explotar y lo poblado por las comunidades indígenas y desocupado por la iglesia gracias a las leyes liberales de desamortización de sus bienes comunales y religiosos, listo para ser ocupado y operado en su beneficio, en mucho sirvió la legislación colonizadora que advirtió lo enorme del territorio mexicano gracias al trabajo científico de las compañías deslindadoras contratadas para su medición y a los contubernios de la clase gobernante con esos empresarios que se cobraron por sus servicios con una parte de los territorios mensurados, otra parte fue concedida a los amigos del presidente en proporciones increíbles, hacía falta una clase trabajadora moderna, modernidad que se negaba a las clase campesinas de origen indígena y mestizo y “obligó” a otra ley: una de colonización con extranjeros que conociesen las nuevas prácticas agrícolas y que pidió a Europa dichos recursos, fue un momento de la crisis agrícola europea que provocó una enorme desocupación y las mayores migraciones al nuevo mundo, a América, sólo que la mayoría de ese movimiento se descargó en Norteamérica y en Sudamérica, lo que aquí llegó ni era campesina, ni se sostuvo, muchos no soportaron el clima, ni el trabajo al que venían, se enfermaron, murieron, se regresaron, pocos quedaron, tuvieron capacidad de empresa, fueron consentidos por la burguesía mexicana que descargó en ellos la administración de sus negocios, incluso emparentándose, de ahí surgió la nueva generación, la de “los científicos” que dirigió desde el gobierno porfiriano sus propios negocios.

El presidente fue halagado por esta nueva burguesía, ensoberbecido en el abuso del poder, lo compararon con los líderes alemanes que vencieron a Napoleón III y a Francia, él vencedor de Maximiliano y expulsor de los franceses igualito a Guillermo I de Prusia y Alemania y a Bismarck el hacedor de esa victoria, no tardaron en maquillarlo y vestirlo como ellos, en crear una corte marcial vestida a la prusiana y en hacer una ciudad como capital europea, con una economía europea: los capitales de la iglesia en manos de los bancos europeos, las industrias con negocios europeos, maquinarias europeas, técnicos, maestros industriales europeos, comercios europeos con mercancías europeas, relaciones diplomáticas, económicas y culturales muy fuertes con los europeos, incluso los libro mexicanos se editaban en París, bueno se decía que hasta los niños venían de París.

La clase política porfirista estaba integrada por los amigos de Porfirio Díaz, no solo latifundistas, también gobernadores de los estados y los jefes políticos que medraban sobre los presidentes municipales, incluso los mandos superiores de los guardias rurales que imponían “la mano militar” en el campo como azote de las rebeliones contra el estado de cosas por esta clase impuesta, incluidas las guerras de casta contra apaches, yaquis, mayos y mayas que resistían como comunidades indígenas los dichos orden y progreso porfiristas, controlados a muerte con “la Pax porfiriana” de su casi total exterminio.

Con la aquiescencia de Díaz, los gobernadores tuvieron concesiones para gobernar a su antojo, algunos liberales no dejaron de gobernar con cierto apego a las constituciones federal y estatal, y europeizaron sus ciudades y sus capitales, eso sí con materiales e ingeniería de Eiffel, incluso una columna de la independencia como muchas de las capitales europeas, eso sí diseñada ésta, “en un alarde de originalidad” como otras europeas por el arquitecto Rivas Mercado, y con todo esto: la moda de la educación ciudadana llegó a México, había que reeducar a las clases campesinas para su ingreso a la modernidad, a sustituir la dominación religiosa por la vida ciudadana, el rezo y la adoctrinación por la lectura de los diarios, de los libros producto de las empresas editoriales y las ideologías de la civilización ciudadana, aunque estas solo fueran usadas para legitimar el régimen.

El capitalismo europeo-mexicano trajo también a su pequeña burguesía, a sus cuadros medios, a sus gerentes, sus técnicos, sus maestros industriales, sus capataces, sus mayordomos y con ellos de contrabando a las ideologías revolucionarias europeas desde las liberales y demócratas hasta las socialistas, y las anarcosindicalistas, y algunos de ellos no dejaron de hacer su trabajo ideológico, nació un proletariado industrial en el porfirismo y con él las luchas por la igualdad democrática, la defensa las libertades y los derechos de los trabajadores, “la criada resultaba respondona”.

“La pax porfiriana” encontró una manera civilizada de reducir la insurgencia proletaria: la educación pública, sobre todo cuando los viejos maestros lancasterianos encontraban inútil sus prácticas de enseñanza mutua, de silabario de Sanmiguel y de cuentas con los dedos, encontraban nuevas didácticas, nuevos compromisos con la salud mental y física de los niños buscando nuevos éxitos pedagógicos y se afiliaban a la carta liberal de la constitución de 1857, ignorada u oscurecida por la dictadura y sus negocios.

Los maestros mexicanos fueron encontrando poco a poco por su propia cuenta el derecho de todos a una educación liberal, democrática, con nuevas relaciones de enseñanza–aprendizaje más respetuosa de la personalidad de los niños, de los maestros y de los ciudadanos padres de familia, de ahí surgían otras didácticas más cuidadosas de las cualidades infantiles y por lo tanto generadoras de un desarrollo intelectual, moral y físico, buscaban y encontraban una educación integral. Los Gobernadores y los presidentes municipales fundaban escuelas, a veces no podían pagarlas, sus maestros sufrían; pero aprendieron a disfrutar del desarrollo infantil, del reconocimiento de los padres e incluso de políticos como los veracruzanos que veían surgir una nueva clase urbana, más civilizada, incluso en los pueblos donde por primera vez había un maestro y una escuela, todo esto sucedía en el estado de Veracruz, con gobernadores porfiristas.

Y es que Veracruz era un fuerte polo de desarrollo industrial, tenía al puerto por donde entraban y salían las importaciones y las exportaciones, por donde llegaban las manifestaciones de las culturas europeas y salían las maravillas mexicanas que deslumbraban las exposiciones internacionales europeas, era una zona industrial donde el azúcar, el café, el tabaco, el algodón, la vainilla y el chocolate se exportaban para las delicias de los públicos europeos y donde las industrias textiles vestían a la pobretería mexicana.

También llegaron maestros europeos, atraídos por la historia de México más conocida allá que acá, los soldados europeos que regresaron a Europa tras su derrota mexicana llegaron allá contando los cuentos del gran capitán y los de las nuevas mil y una noches mexicanas, en sus nostálgicas veladas no dejaban de recordar las delicias del trópico mexicano, lo cruento de las batallas ganadas, incluso los veteranos de la Legión Extranjera francesa celebraban cada año la derrota sufrida ante los bravos de Camarón, San Lorenzo de los Negros en Veracruz, de esos trotes llegaron a México un par de europeos que se integraron felizmente al gran movimiento pedagógico veracruzano estaban dotados para ello procedían de escuelas democráticas que lucharon contra los autoritarismos austríaco y alemán, con una muy buena formación normalista, con capacidades didácticas como las que empezaban a surgir en Veracruz, fueron Enrique Laubscher alemán y Enrique Rébsamen suizo.

Laubscher fue un comerciante dispuesto a hacer la América en Veracruz, a enriquecerse conl las prácticas comerciales ahí generalizadas, solo que su demonio (en sentido griego) pedagógico lo llevó a mostrarse como el maestro que tenía en una sola persona toda la diversidad de las virtudes didácticas que los maestros veracruzanos empezaban a cultivar: desde la educación preescolar que es la base de la actual nuestra hasta la capacitación de los maestros en servicio, hoy genialmente ignorada y aborrecida por el estado mexicano, pasando por todo el currículo de la educación primaria y la nueva arquitectura pedagógica, pues diseño y construyó el edificio de la nueva Escuela Normal del Distrito Federal Normal en la calle de Primo Verdad en la ciudad de México.

Rébsamen fue un pedagogo atraído por los cursos de la Escuela Modelo de Orizaba donde Laubscher dirigía el nuevo proyecto escolar veracruzano de capacitación de los maestros que pronto se convertiría en el centro de irradiación de la pedagogía nacional, se incorporó “ipsofacto”, con la complacencia de Laubscher, quien atrajo para sí la formación práctica y le encargó la parte teórica normal del segundo curso de la Academia de Profesores. Rébsamen aportó felizmente las definiciones de la educación como educación integral, como hecho social y como acción política, la enseñanza objetiva en la escuela primaria, las didácticas, las marchas analítico-sintéticas, los métodos heurísticos, el diseño pedagógico (mayéutica) de las preguntas, el uso de los libros de texto, los fines pedagógicos de la disciplina escolar. Rébsamen reconoció el problema de la educación de la raza indígena en estos términos: “La única explicación que encontramos para los ningunos progresos de la raza indígena es el aislamiento en que viven, tendencia a huir de el roce con las demás razas”. Su oratoria tenía fundamentos políticos, liberales, humanistas, los maestros lo aplaudieron, con ello Rébsamen se creyó el genio pedagógico e intrigó ante el cambio de gobierno para quedarse con el proyecto de Laubscher, dos personalidades tan fuertes se encontraron en el predominio del proyecto de la Escuela Modelo de Orizaba y ante un fracaso de Rébsamen en la enseñanza del francés hubo pretexto que sacarlo del mismo, sin embargo el nuevo gobernador lo hizo en la nueva capital del estado el director fundador de la Escuela Normal Veracruzana en Jalapa.

La influencia de los maestros veracruzanos y con ellos Lauscher y Rébsamen, aunque separados, contribuyó con otros maestros del país a definir una pedagogía mexicana en la que los fines de la educación integral se reconocían en los derechos constitucionales mexicanos, en la obligación del estado para dotar de una escolaridad para ello, algo más que una simple instrucción y en un compromiso formal en la formación de profesores. Esto logrado en los Congresos Pedagógicos de fines del siglo XIX en lo que Ernesto Meneses Morales llamó: la Edad de oro de la educación primaria.

Concluyo reconociendo que el desarrollo económico de que presumen los defensores del porfirismo tuvo todo esto aquí descrito, pero que la dialéctica del desarrollo capitalista producido por la burguesía mexicana trajo su inevitable enemigo dialéctico: una clase proletaria que surgió con ella; que aprendió a pesar de represiones laborales y políticas a reconocerse como defensora de sus derechos como formada por hombres libres capaces de luchar no solo por ellos, sino por un cambio radical en esos modos de producción.

La nueva clase social de proletarios ciudadanizados se sumó masivamente con sus maestros y sus líderes sindicales en las nuevas elecciones de presidente de la república en 1910 y al triunfo maderista y la usurpación porfirista respondió con la participación política, militar y constitucional de 1910 a 1917 en eso que se llamó la Revolución Mexicana.

Esa revolución no acabó sin embargo con la burguesía, en la nueva constitución las clases trabajadoras reconocieron las libertades individuales, establecieron las garantías constitucionales de su respeto obligatorio, pactaron con aquella las nuevas relaciones laborales, el derecho de sindicalizarse, el de huelga, la reforma agraria y la distribución de la tierra, con ella el reconocimiento de los derechos de las comunidades indígenas a la propiedad comunal de sus ejidos, se impuso la supremacía del estado sobre la iglesia como en casi todos los estados europeos, la educación laica como forma de respeto a todas las creencias y sus ritos e iglesias y se estableció la obligatoriedad de la enseñanza como responsabilidades de padres y gobiernos para sus hijos. La constitución de 1917 como todas las independientes desde la de Apatzingan mantuvo LA SOBERANÍA POPULAR como columna estatal de la vida nacional, como mandataria de todas sus formas de gobierno y como derecho a los cambios obligados para su sostenimiento, pero y no es cualquier pero: dejo, a pesar de la lucha liberal contra los fueros de las guerras de Reforma dejó los de los personeros de los poderes de la unión, entre ellos los de la presidencia, con lo que se consolidó el predominio de la burguesía que condujo al país en la práctica al desconocimiento moral de sus fundamentos políticos y sociales, a la corrupción del estado de derecho y a la mayor concentración de la riqueza con los mayores niveles de pobreza que ha tenido el pueblo mexicano.

Hoy sesenta millones de mexicanos representan cuatro veces la población que vivió la revolución de 1910-1917. Una nueva educación hizo aquella generación ¿qué hace, a quiénes forma esta nueva educación que elude sus compromisos de calidad democráticos, libertarios y de desarrollo integral de todas las facultades del ser humano? ¿qué somos los mexicanos mal tratados por la mala educación gubernamental? ¿Qué debemos hacer los ciudadanos y los maestros mexicanos para darnos la educación que nos merecemos? ¿los gobiernos que nos merezcamos? ¿cuándo? ¿cómo?.

Portales norte a 20 de mayo de 2015

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

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