Cinta
Usos múltiples

Mentes peligrosas

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Armando Meixueiro Hernández


El cortometraje como género narrativo y su analogía con el cuento

La realidad es aquello que,
cuando uno deja de creer en ello, no desaparece
.

Philip Dick

El cine, como es sabido, es el gran contador de historias; un cuentacuentos planetario casi sin límite, geografía o freno. No hay algo que se quiera contar por fantástico que parezca que la magia del cine y el poder creativo de la tecnología no pueda volverlo imagen y audio sincronizados, en la época actual. Así ha sido por más de un siglo de poderosas y permanentes innovaciones en este arte conocido como séptimo y que recupera todos los anteriores, sintetizándolos.

Desde las primeras vistas o tomas generales de finales del siglo XIX, hasta las complejas narraciones contemporáneas el cine recrea el mundo con sus múltiples lenguajes y recursos como son: la gramática y el lenguaje de la imagen, la banda sonora (con sus diálogos, incidentales y musicalización), la actuación, ambientación, escenarios y propiamente la historia contenida en el guión cinematográfico, que es sin lugar a dudas un género literario, con sus profesionales creativos, adaptadores y críticos dedicados a lo escrito el ex cinta de plata.

Como no puede ser de otra manera, la inmensa mayoría de las historias que cuenta el cine están inspiradas en la realidad. La ficción más imaginativa que podría inventar—y ha inventado— un mundo totalmente distinto a este que tenemos (con otras formas de vida, sensibilidades y materia no terrestre), tendrá aunque sea como contraste la representación de la concreción de la objetividad terrestre y en particular la de la especie humana tal como en general la percibimos. También del cine documenta existencias lejanas a nosotros, de otros contenientes, de otras culturas, religiones, creencias o ritos que nos son ajenos, distintas y diferentes. Es el género documental principalmente, el que nos re-crea estos contextos, voces y experiencias lejanas de otras culturas y sitios desconocidos.

Sin embargo, la mayor cantidad de historias que ha narrado el cine a nivel mundial son cotidianas. El arte cinematográfico imita a la realidad suprema que se nos impone —como dijera la filósofa húngara Agnes Heller— para describir o definir lo de todos los días, lo inmediato y cotidiano, embelleciendo o descarnándolo en sus profundas o superficiales aproximaciones audiovisuales.

En efecto, el cine nos relata lo que le pasa a personajes próximos, casi siempre comunes y corrientes. Los prójimos tan cercanos que nos recuerdan a nosotros mismos, que nos terminamos por identificarnos o proyectarnos en ellos en forma inevitable, como mecanismos protectores de nuestro yo desvalido, en la inmensa sala obscura. Por breve tiempo vivimos a través de ellos. Nos cuentan de sus conflictos amorosos, de su sueños, de sus epopeyas y transformaciones, de los ideales que definen o constituyen; de sus éxitos y fracasos; de sus deseos, fatigas, trabajos y logros; de las condiciones que favorecen los logros u obstaculizan; de los miedos y las rebeldías, de los inicios y los ocasos; del llegar a la meta o habitar la frustración; en resumen: de la condición humana compleja e infinita; a veces solidaria, amistosa, franca, sincera, valiente, amorosa, cordial, honesta, noble, plena y también, por el contrario la que se le enfrenta para llegar al objetivo, la opulenta, egoísta, envidiosa, pueril, sínica, déspota, presumida, atroz, mentirosa, cobarde, soberbia, etc. Esta condición humana, con sus extremos en conflicto, enfrentados y del mismo modo mezclados, moviéndose o matizados en los grises intermedios, dramáticamente.

Para contar ese mar de historias tan distintas sobre la múltiple y cambiante condición humana el cine inventó modelos, que llamó géneros cinematográficos. De tal suerte que si la historia era una revancha, con pistolas, valles, sombreros, caballos y pueblos de madera ubicaba la historia en el cajón del western. Si necesitaba besos, enamorados, risas y bodas desarrollo la comedia. Si había que reivindicar una batalla o héroes invento el cine bélico; si la cosa se ponía fea involucraba muertos, obscuridad, detectives y bajos fondos hizo nacer el cine negro. Muchos más géneros fueron surgiendo y en la etapa actual, proliferan los géneros mestizos de tanto ir utilizando recursos de unos en otros. También vinieron las escuelas, corrientes, sellos de director y las cinematografías nacionales y hasta locales, que dejaremos para otra ocasión.

Ahora bien, dado es que todo tiene una principio y un fin ¿cuánto tiempo, sin considerar segundas partes, sagas o remake, debe durar una película? En el origen cinematográfico era variable, de un minuto a dos horas como las primeras versiones del cine de epopeyas realizado por los italianos. El cortometraje, sobre todo el de comedia dominó como forma de esparcimiento, entreteniendo a atrapando las primeras audiencias cinéfilas.

Pero luego se fue imponiendo la razón comercial y las películas se fueron regulando a una hora y media (noventa minutos), media hora en regresar la película al carrete del que había partido. Las proyecciones y horarios estaban perfectamente establecidos, cada dos horas comenzaba la función y la producción y realización cinematográfica dócilmente se fue sometiendo estos dictados. Hubo excepciones que complicaba el asunto. Pero fueron hechos menores. El cine es principalmente de largometrajes en esta lógica de mercado, que remedio. Ahora ya que no se necesita regresar la película, por los formatos digitales y extrarápidos, comienza a cambiar el canon.

Sin embargo, también surgieron mediometrajes de treinta minutos a cuarenta y cinco) y comercialmente se usaron proyectando dos películas en el horario de una; una después de la otra. Los italianos —y entre otros los mexicanos—, por la década de los cincuenta y sesenta del siglo pasado, decidieron que podían invitar a varios directores a realizar una película teniendo un tema en común: la religión, el sexo, el poder, etc.( por ejemplo Amore in città: 1953 o Boccaccio ’70: 1962 ) y hacer un collage creativo. O con los cuentos de un libro se hacían cortometrajes (en el caso mexicano los ejemplos son El diosero/ Raíces: 1954; Canasta de cuentos mexicanos: 1956 o Tajimara: 1965). Era claro que el regreso del cortometraje fue uniendo varios de ellos para poder tener valor comercial.

Esta razón de mercado siempre ha amenazado al cortometraje. Sin embargo, es importante recordar aquí que en la década de noventa del siglo XX, en nuestro país se apostó a la producción de cortometraje ante la ausencia de inversión cinematográfica pública y privada. El cortometraje fue lo única tabla de salvación a la que asirse en la tormenta neoliberal que también estuvo a punto de exterminar al cine mexicano. Es la época de obras premiadas internacionalmente como el cortometraje animado El héroe (1994); Jazmín en flor (1996); Adiós mamá (1997), y Rogelio ( 2000).

El cortometraje como el cuento literario es breve, crea un personaje que se mueve en una atmósfera perfectamente construida, definida y acotada. Hay como en toda narración, tanto en el cuento como en el cortometraje, una trayectoria (física, mental, emocional) que el protagonista tendrá que recorrer y que lo terminará por modificar y transformar para siempre. Puede ser una anécdota, un relato o incluso situación cómica. Aunque en el cortometraje como en el cuento pueden también ser trágicos. Ambos están estructurados con un inicio, un desarrollo, un desenlace y un final. Aunque, ya lo ha dicho Jean Luc Godard, no necesariamente en ese orden.

En cualquier caso el cuento y el cortometraje terminan en una sorpresa, un final inesperado, a algo por donde la historia no camino, pero sí dejó entrever. Un atajo que nos deslumbra y nos toma desprevenidos, con la guardia baja.

Es el famoso nocaut del que habla Julio Cortazar en su teoría del cuento. El realizador o el cuentista no tiene tiempo para abrir ventanas a muchos personajes y situaciones, paisajes y ganar como todo buen novelista o virtuoso largometraje, en un río ancho que da cuenta y se lleva todo a su paso, ganando en la suma de todos los recorridos, elementos y características del relato.

En el cuento y cortometraje saben que —como decía la profesora Alma Beltrán— de lo bueno poco. Es reducido en el espacio y el tiempo, en el que se mueven sus narrativas; pero no por ello carecen de profundidad al relatar y fotografiar la inmensa, a veces benigna o a veces atroz realidad, de la condición humana.

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

abelroca. 31 de Mayo de 2015 10:25

Frente a Homero, Esopo Y frente a Sócrates, Aristófanes, Frente a Dante, Bocaccio y frente al Quijote, las Novelas ejemplares y los Entremeses del mismo Miguel de Cervantes y Saavedra.

abelroca. 01 de Junio de 2015 18:52

cinco cortometrajes:
tenía el temblor de la gota de rocío,
que se funde finalmente en la bruma de una nube.
cedió al gis y a la pizarra resolver el misterio de su retórica vacía.
entre la oscuridad de la noche y el palidecer del alba dejé a las pesadillas la tarea de vencer mi sueño.
la tentación y el deseo acorralaron al fantasma aquel de nuestro último carnal encuentro.
los disparos del fusil nunca tuvieron blanco, ahora yace arrumbado cargándose de herrumbre.

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