Pensar_escribir
LA CLASE

Tema del mes

Víctor Esparza


Escribir es de valientes —o no

27 de marzo. 23:15

Tengo siete años como mercenario de la escritura, es decir, me pagan por escribir. Y lo que voy a confesar no es de lo que uno ande diciendo en cualquier plaza a voz estrepitosa: sigo sin comprender del todo lo peculiar que resulta que se pueda vivir de ello (aún no llego a tanto, lo aclaro). Mi admiración radica en que la materia prima empleada es tan etérea como el lenguaje mismo, y ya. El otro tanto invertido es tiempo —también etéreo— y un dispositivo que puede ser cualquiera, desde una hoja y papel hasta una potente Mac, pero no radicará en ello la calidad del resultado.

Se vuelve cada hoja en blanco un borrón y cuenta nueva tanto de la mente como del conjunto de 30 y tantos caracteres a los que se va recurriendo para, en el más preciso de los órdenes, ir hilando una serie de conjeturas escritas, que —sin detenernos en su veracidad— no estaban momentos antes de iniciado el proceso…. ¡magia! Claro, con los años se va adquiriendo lo que suele denominarse “soltura” para que tal proceso sea más efectivo, más conciso, más provocador incluso. No todos lo logramos, el camino de la auto superación literaria está lleno de baches y vicios difíciles de eludir por más que ojos propios y ajenos se empeñen en brindar la corrección oportuna. Pero sin diluir la necesidad de la calidad, ya es aplaudible el hecho de contar con la valentía de dar rienda suelta a la imaginación, espontaneidad y músculos para plasmar con palabras los pensamientos.

¿Dije valentía? Al escribirlo, paradójicamente, entré en duda. ¿Es un acto de valentía escribir, no saber callar la conciencia, fallar en la prudencia de contener lo que se desea pero está a veces más allá de nuestro alcance? En México, desde luego, certeza y dolorosa evidencia tenemos de que sí con la cantidad de periodistas ultrajados y hasta asesinados en el ejercicio de su trabajo, y para ellos, todo mi respeto y admiración. De vuelta a los terrenos en los que vengo deambulando, pienso también en la antítesis de lo mencionado: la cobardía de la incontinencia expresiva. Y no es algo para tomarse en absoluto a la ligera, ya reflexionaba sobre el tema con profunda seriedad Enrique Vila-Matas en su Bartleby Y Compañía, haciendo excelso compendio de escritores (y sus motivaciones) de una sola novela publicada.

Pasan los minutos, se escurren las palabras entre mis dedos, y sólo hay un par que me importan, que se debaten entre teclearse o sepultarse en la hondanada de un sepulcral silencio, que a la menor de mis debilidades seguramente brotarán, en el momento y lugar menos indicado. ¿Acaso éste? Imposible saberlo. Aunque, y deseando redondear el tema que me trajo —y los tiene leyendo— hasta aquí, también se escribe para exorcizar, como delicado ritual de sanación que permite circulen en el interior nuevos deseos y necesidades. De su efectividad, no puedo ofrecer garantía alguna, habrán de disculparme. Ahorita y por un buen rato sólo sé que Te Extraño.

Víctor Esparza
Nacido y radicado en Monterrey, Nuevo León (1979). Involucrado en estudios de Humanidades desde 1995, egresado de la Licenciatura en Psicología por la Universidad Regiomontana (2012). Escribiendo actualmente para Espacio Blanco y cursando la Lic. en Gestión Cultural en la UDGVirtual.

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