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Orientación educativa

Sentido Común

Hernán Sorhuet Gelós


¿Lección?

La terrible tragedia sufrida por el pueblo japonés ha dejado una secuela inesperada. Horadó los cimientos de la credibilidad de la opción nuclear como fuente energética segura.

Luego de Chernóbil en 1986 el mundo se polarizó en anti y pro energía atómica. Pero las necesidades cada vez mayores de energía para el desarrollo de los pueblos contribuyeron a que se construyeran nuevas centrales atómicas, confiando en los promocionados avances tecnológicos, que garantizaba la casi nula posibilidad de que sufrieran un accidente con fuga de radiactividad hacia el exterior.

El gran terremoto y tsunami del 11 de marzo golpeó duro a un país rico, educado, ubicado en la vanguardia tecnológica, “jugado” a la energía atómica (debido a sus propias limitaciones energéticas) y con mucha experiencia en ese terreno.

La paradoja de lo ocurrido en la central nuclear de Fukushima, es que tan devastadores eventos naturales no destruyeron o afectaron directamente la seguridad de los recintos donde se aloja el material radiactivo. Alcanzó con que fallaran algunos componentes del sistema de enfriamiento de los núcleos para que se desatara una gran crisis nuclear en aquel país.

A medida que llegaban las actualizaciones informativas, con más reactores comprometidos y registrándose fugas contaminantes en el aire, el agua y algunos alimentos, crecía el estupor mundial. ¡Esta demostración incuestionable de vulnerabilidad le está ocurriendo a Japón! ¿Qué podemos esperar para el resto?

Por su parte, los comunicados oficiales desde el principio retacearon u ocultaron información sobre la gravedad de lo que estaba ocurriendo, fiel a lo que ha sido una constante histórica cuando sucede un problema en una central nuclear. Se intenta proteger la reputación de esta industria “como 100% segura” pero termina provocando el efecto contrario.

En este momento el castigado pueblo nipón le ha perdido parte de la confianza a lo que le informan las autoridades. Evacúan 20 km a la redonda, expresan que hay niveles de radiactividad anormalmente elevados, pero no peligrosos para la salud humana; mientras tanto, la Organización Mundial de la Salud calificó de “grave” la contaminación detectada en los alimentos.

Esta pérdida de credibilidad se ha extendido a todo el mundo, porque se garantizaba que lo que ocurrió no podía ocurrir.

Resulta absurdo intentar una justificación de lo ocurrido diciendo que no se esperaba una terremoto de esa magnitud. El problema es otro. En definitiva, es tan peligroso trabajar con material radiactivo como con virus y bacterias muy patógenas.

Los países que tienen centrales nucleares deberán revisar en profundidad sus instalaciones, protocolos, estrategias de mantenimiento y seguridad.

El resto, seguramente tomará mayor conciencia del peso real que tiene asumir el riesgo de embarcarse en la aventura atómica, porque por bajas que sean las probabilidades de sufrir un accidente grave, de ocurrir, las consecuencias seguramente serán terribles.

25/III/ 2011

Hernán Sorhuet Gelós
Destacado conferencista y escritor uruguayo. Educador, comunicólogo y periodista ambiental. En su vasta obra de libros de Educación Ambiental para niños, incluye temas como el cambio climático, la biodiversidad y los residuos sólidos.

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