La_clave_del_futuro
LA CLASE

Tema del mes

Irma González Victoria


Ser Maestro

Hoy es lunes suena el despertador a las 4:30 de la mañana, el profesor César Labastida se despierta. Apaga su alarma, a tientas logra encontrar sus sandalias, prende la luz y prepara su ropa que utilizará, se da un baño y al terminar despierta a sus hijos para que se alisten, mientras tanto el profesor César prepara el desayuno. Son las 6:00 de la mañana cuando sale de casa con su familia, su esposa lo deja en la estación del el metro La paz.

Dentro de los vagones observa a un chico como de 12 años que viste uniforme de secundaria, al cual su mamá le dice que se siente en el suelo y que se duerma un ratito, no tarda mucho tiempo cuando el chico de secundaria empieza a cabecear. Al ver al joven estudiante el profesor Labastida empieza a recordar los años de escuela, primero recuerda a su maestra de preescolar llamada Carolina, la primera imagen que tiene de ella es un lunar enorme que tenía bajo la nariz, su cabello cano, vestido largo color café, su andar lento por la edad.

Como olvidar el primer día de clase cuando su mamá la señora Carmen lo dejaba en la escuela, era algo que César no lograba entender ya que nunca se había separado de sus papas así que empezó a tener pensamientos cruciales, imaginaba que ya no regresarían por él, así que aprovecho un momento de distracción de la maestra para abrir el zaguán y salir corriendo, la maestra Carolina salió tras él, pero no lograba alcanzarlo hasta que un joven acomedido le tapo el paso y así fue como lograron detener a César. Al regresar al Kínder la maestra le regalo una gelatina, pero él se rehusaba a comérsela, la maestra empezó hablar muy serenamente con César explicándole que solo estaría un ratito y que pronto vendría su mamá, así que no era necesario que se espantara, los demás días fueron diferentes. César empezó a sentirse contento con sus compañeros y sobre todo por el respeto que la maestra Carolina mostraba por sus alumnos. Hoy en día el profesor César solo recuerda momentos agradables con su maestra de kínder.

Casi llegando a la estación del metro Guelatao el profesor Labastida recuerda a la maestra Margarita de tercero de primaria, quien estaba a punto de jubilarse, de mediana estatura, anteojos, cabello ondulado y corto. En el primer día de clase la maestra les menciono una serie de cosas que no permitiría, como era hablar, levantarse sin pedir permiso, salir del salón en caso de no traer algún material, etc… Los siguientes días fueron deprimentes ya que por no contestar algunas preguntas y no estar atentos a la clase les pedía a los niños que juntaran sus dedos y les pegaba con la madera del borrador, y si encogían el brazo era peor.

Aunque el profesor César nunca le toco este tipo de corrección, siempre estaba calladito, sí quería ir al baño mejor se aguantaba, miraba atento a la maestra cuando ella estaba dando la clase aunque no entendiera nada ,porque César se la pasaba preocupado por no hacer algo incorrecto. Se empieza a oscurecer el vagón y el profesor César se percata que está llegando a la estación Pantitlán, se abren las puertas y las personas empiezan a salir, el profesor camina lento, hasta irse quedando atrás y observa la cantidad de niños que van con sus papas y asisten a la escuela y recuerda la canción de la marcha de Zacatecas con la que lo recibían cuando iba a la primaria, lo deprimente que es escucharla hasta hoy en día por sus malos recuerdos. El profesor César Labastida sigue caminando para abordar la otra línea del metro, de pantitlàn a politécnico y en el trayecto piensa que hay maestros que trabajan todos los días para mejorar su practica y recuerda una frase de Paulo Freire: “somos seres incompletos, inacabados o inconclusos”, sigue el profesor avanzando para llegar a la escuela donde trabaja y poner en practica lo que el mismo como alumno aprende en su formación docente.

Irma González Victoria

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