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Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


La 'partidocracia' rechazo a candidatos no partidistas

La hipocresía es la conducta de la clase política. Para impedir la manifestación de la CNTE al zócalo y evitar que se vuelva a quedar en un plantón como el de hace un año, el gobierno del DF instaló un festival internacional de las culturas.
La Asamblea de representantes del DF hizo pirueta y media para no “legalizar” en lo más mínimo el consumo de la mariguana, aunque fuese mediante un pequeño aumento de los gramos que pudiesen portar sus consumidores.

Hace unos años el nefasto gobernador priista de Oaxaca, simuló realizar unas “obras de remodelación” de las plazas principales de la ciudad capital de ese estado para “limpiarla“ de manifestantes, algo semejante hizo el gobernador perredista de Michoacán y también se hizo lo mismo en Coyoacán por parte del delegado perredista para “quitar” a los ambulantes de sus plazas principales.
Ahora los diputados imponen “candados” a las llamadas candidaturas independientes que las hacen prácticamente imposibles. No se diga los requisitos para registrar un partido.

Esta hipocresía de aparentar defender ciertas causas “políticamente correctas”, es una vieja práctica de la clase política mexicana.

El PRI tiene como lema democracia y justicia social, cuando impidió de muchas maneras la existencia de elecciones verdaderas, durante décadas.

Mediante una legislación tramposa impuso un sistema sindical, que es en realidad un aparato de control corporativo de los trabajadores. Esto se tradujo en salarios casi de hambre y en la anulación, de hecho de la huelga, y otros instrumentos de resistencia de los asalariados. Todo a nombre de los “más sagrados derechos de la clase obrera”. No es extraño que los “líderes sindicales” sean millonarios al servicio del gobierno y los patrones.

En el asunto de los “candidatos independientes” se ha vuelto a ejercer esa hipocresía. Ninguno de los tres partidos centrales, ni sus apéndices, estaban dispuestos a abrir el registro de candidatos no partidistas, que pudiesen poner en riesgo su monopolio en los diversos aparatos de representación. Ni siquiera a nivel municipal, ni a nivel delegacional en el DF; ni estatal en el caso de los diputados locales y los gobernadores y por supuesto mucho menos en las diputaciones federales y los senadores. Obviamente jamás en las candidaturas presidenciales. Baste recordar que el asunto de las sucesiones presidenciales tiene una larga y a veces trágica historia en México, como los asesinatos de Álvaro Obregón y Colosio, sin omitir la sucesión de Lázaro Cárdenas que ensangrentó las casillas electorales, para imponer a Manuel Ávila Camacho contra la candidatura del general Juan Andrew Almazán. La no “solución” de la sucesión presidencial en el PRI, produjo irónicamente en 1988 el fraude para imponer a Carlos Salinas contra Cuauhtémoc Cárdenas.

Esa “sucesión” fue cínicamente calificada por Carlos Salinas, como un proceso realizado bajo “la existencia de un partido prácticamente único”.

La transición frustrada del 2000 y la restauración priista del 2012, han vuelto a impedir las candidaturas no partidistas, el registro abierto a nuevos partidos, consolidando la partidocracia. ¿Hasta cuándo?

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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