Miguel_cane
LA CLASE

Tema del mes

Ariadne Sahori Martínez Pacheco


Leer poesía. Entrevista al escritor Miguel Cane

Periodista, escritor, crítico de cine, melómano y muy solidario amigo, eso y más es Miguel Cane, quien habiendo iniciado en 1996 su carrera periodística en El Universal, 18 años después mantiene una incansable actividad en diferentes espacios culturales y de entretenimiento. Destaca —por motivo meramente cronológico— la reciente publicación de su Pequeño Diccionario de Cinema para Mitómanos Amateurs, (Editorial Impedimenta, 2013).

En relación a la temática que este mes nos ocupa, Ritmo, música, poesía y educación, le extendimos a Miguel la invitación a compartirnos algunas opiniones, a lo que gustosamente accedió y de la misma manera compartimos.

Identificado con la novela y narrativa, ¿consideras que alguna parte de tu personalidad tiene afecto por la poesía?

Desde luego. Siempre he sido lector de poesía. No con la asiduidad con la que soy lector de prosa, pero siempre habrá un lugar importante para la poesía en mi biblioteca, en mi memoria y en mis lecturas. Si bien no soy un lector “casual” de poesía, procuro prestarle la atención debida.

¿Recordarías cuáles fueron aquellos primeros versos que te marcaron, los poetas que desde tu infancia y/o adolescencia te han venido acompañando?

Los sonetos de Shakespeare, que se leían en casa. Elizabeth Barrett Browning. Nicolás Guillén. Esos fueron algunos de los primeros poemas que escuché. En la adolescencia, Paz, Auden, Eliot y, a los 16, el glorioso descubrimiento de Sylvia Plath, que vino a modificar mi perspectiva, mi imaginación, y eventualmente, hasta mi cuerpo.

De un poema, ¿qué es lo que más disfrutas: la primera lectura que te aborda sorpresivamente; la reflexión que te pueda provocar; o su aplicabilidad con el paso del tiempo?

La primera imagen, esa reacción visceral que causan las palabras. No leo poesía para la posteridad, pero vuelvo a ella siempre que puedo. Tal es el caso de Auden o de Marianne Moore, que siempre me proporcionan abrigo, iluminación y sorpresa. Soy de esos lectores que memorizan un poema por amor a su estructura.

La música, al igual que la poesía, es ritmo… ¿qué tan lleno de ritmo considerarías tu estilo de redacción, cuáles son las constantes literarias que lo arropan?

Cuando escribí mi primera novela, “Todas las Fiestas de Mañana”, tuve dos influencias importantes, Lou Reed y el Velvet Underground, y el Bolero de Ravel. De hecho, la novela está estructurada como esa pieza: una repetición constante con variaciones hasta llegar a un crescendo.

¿Qué importancia tiene la música en tu vida cotidiana, y en particular, al momento de escribir?

Es vital. Yo no puedo escribir en silencio. No me concentro. Siempre tengo una serie de piezas musicales para trabajar. Soy muy ecléctico. Voy desde Vivaldi y Bach, hasta Amanda Palmer y Tori Amos. Toda pieza puede ser una influencia, una revelación.

Desde tu experiencia, ¿consideras que la educación en México (en cualquiera de sus modalidades) otorga la importancia debida a la poesía y la música como recursos formativos?

Por supuesto que no. Es una vergüenza. La poesía es vista como un lujo, como una fruslería, y sólo se da acceso a cosas muy trilladas (no por ello malas, pero sí limitadas).

¿Qué iniciativas propondrías para incentivar el aprecio por la poesía entre la población universitaria en nuestro país?

Talleres de lectura y redacción. Recitales. Donde se pueda conocer la poesía de todos los países. Donde se vea que hay algo más allá de—Dios nos guarde—Benedetti, por ejemplo.

¿Qué poetas mexicanos contemporáneos —emergentes o consolidados—has tenido oportunidad de conocer en últimos años y te animarías a recomendar a los lectores de Pálido Punto de Luz?

Tedi López Mills, sin lugar a dudas. Ángel Ortuño. Daniel Saldaña París, y el notable Luis Felipe Fabre, cuyo más reciente libro, “Poemas de Misterio u Terror” (Almadía 2013) es una delicia.

Ariadne Sahori Martínez Pacheco
Estudiante de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Anáhuac

Agregar comentario