Exito-a-cualquier-precio
Orientación educativa

Extramuros

Ariadne Sahori Martínez Pacheco


El café estaba frío pero la obra "Éxito a cualquier precio" estaba en su punto

El café estaba frío. Señal de haber pasado una mala noche, tener una pésima mañana y, posiblemente, vestigio de esperar un pinche día. Sí, días de ésos feos; Domingos que enferman por falta de planes, porque al día siguiente es Lunes, porque simple y sencillamente existen días gachos y al parecer Dios… sigue sin existir.

Sin embargo, para este tipo de males, existen (o se te presentan) las llamadas coincidencias y/o azares del destino. Casualidades que verán con malos ojos los concienzudos pero amarán los cursis.

— ¡”Sepan Cuántos”! La cosa es que uno encuentra lo que no andaba buscando y ya.

“Éxito a cualquier precio” así se llama la obra que hoy por “x” razón tiene el 50% de descuento, obra que recuerdas (gracias a tu bendita memoria fotográfica —un tanto selectiva—) te intrigaba ver, obra que abriga el Teatro Ignacio López Tarso en la Colonia San Ángel y que por “y” se te ocurrió recorrer.

Te dan el programa de mano. Como eres impaciente y no planeas quebrantar el silencio ceremonial que inunda el recinto haciéndole la plática al de alado; hojeas el dichoso librito que terminas por memorizar —entraste 15 minutos antes, ergo tienes tiempo de sobra pa’ repartir.

Tu instructiva lectura te permitió: primero, contextualizar; segundo, ansiar. Reconociste a todos y cada uno de los rostros de aquellas páginas, sabes quiénes son o por lo menos te suenan sus nombres. ¡Ya la hice!, te emocionas en modo: agresivo-pasivo.

Resulta que la puesta en escena que estás a dos de presenciar es nada más y nada menos que un proyecto teatral de primera calidad pero de carácter comercial. BRRRR…COMERCIAL, EL TREMEBUNDO Y ESTÓLIDO TEATRO COMERCIAL.

Por lo regular, saldrías corriendo y exigirías piedad. La mayoría de las puestas en escena de esta índole son insulsas hasta la pared de enfrente. Pero esta vez te acomodaste en la butaca y esperaste a que abrieran el telón con tremenda sonrisa.

¡Seños, damitas, dones y compadres! Efectivamente, aún existen obras comerciales que valen la pena. Aunque si bien es cierta su existencia, también debemos reconocer su condición de especie en extinción.

Les diré qué tiene de comercial —en mi humilde y desastrada opinión— la obra “Éxito a cualquier precio”: El equipo de producción, Brontes S.C.; los productores: Jorge y Pedro Ortíz de Pinedo; los patrocinadores: Santander, MAC, Baileys, etc., y chance el hecho de que es un texto dramático gringo que fue filmado en el año de 1992 y sale Al Pacino.

Sin embargo, tienes una historia que representa fielmente el funcionamiento (sometimiento) de una sociedad que responde a las exigencias de un sistema económico capitalista.

¿Quién la dirige?, Enrique Singer (no anexo una semblanza de él porque tendría que enlistar un chinguero de currículum pero, Compañía Nacional de Teatro, Instituto Nacional de Bellas Artes, Teatro UNAM, Escuela Nacional de Arte Teatral, CASAZUL Artes Escénicas Argos y cargos como: director, catedrático, coordinador, productor, actor; hablan por sí solos).

Las actuaciones, ¡Carajo, qué chulas actuaciones! Hombres que pierden dignidad, mienten, roban, faltan y demás con tal de figurar en los primeros lugares del pizarrón. Competencia, sacarse los ojos, denigrarse, con tal de conservar el trabajo y las comisiones que lo acompañan.

Los personajes trabajan en una compañía de bienes raíces y, como en los negocios de las vecinas de “Tupperware”, quien venda más se lleva el primerísimo lugar, los mejores clientes (que en este caso son prospectos), más chamba, el 10% de la lana, la comisión, y un juego de vajilla (que en este caso se trata de un precioso “Cadillac”).

La presencia escénica y el impacto catártico que logran Héctor Bonilla y Bruno Bichir son inefables. Sin restarle mérito al resto del elenco, ya que todos hacen un trabajo actoral magnífico. Simplemente hago hincapié en sus actuaciones porque son responsables de la perfecta dualidad que uno ve en el escenario. Por un lado vemos al empleado que carga vejez, mala racha y es sombra de su misma gloria. Del otro lado, al joven, racional y emprendedor empleado del año.

“El afán por acaparar la mayor cantidad posible de dinero es una aspiración tan antigua como la existencia misma de éste, porque con él se consigue poder y es el garante de la obtención de todo aquello que se desee”…
Dicen, es un decir de… de… ¡Chale!, no apunté quién lo dijo y ya no me acuerdo… pero, no por ello es menos cierto. Es una reflexión que te bailotea en la cabeza después de una buena dosis de realismo crudo que viste en el teatro.

Termina la función. Aplaudes, ovacionas la escenografía, la música, la iluminación, el vestuario y el maquillaje. Guardas el programa de mano. Te diriges a tu automóvil. Conduces todo Circuito, de Sur a Norte, y llegas a tu casa. Miras el boleto y su cifra escandalosa de $200. Te sientes satisfecho, sabes que cada centavo costó lo justo. Olvidas que el café estaba frío. Sonríes porque acabó tu día, y así que digas ¡Uy, qué pinche-qué pinche! al final, no estuvo.

Ariadne Sahori Martínez Pacheco
Estudiante de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Anáhuac

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