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LA CLASE

Tema del mes

Alfredo Villegas Ortega


Al compás de Beethoven: ¿Arte en las escuelas?

“Educar consiste en entrenar al intelecto, enseñar a apreciar la belleza y despertar la sensibilidad ante el dolor del prójimo, lo demás es mera información”
Alfred N. Whitehead
Filósofo y matemático inglés.

Para Alejandro por detener a Beethoven por siempre en mi mente.
Para Donovan por su sensibilidad estética.

Mientras hago este ejercicio intelectual, tratando de ponderar los alcances, limitaciones, escenarios, posibilidades, riquezas y demás cuestiones acerca de la importancia de la educación artística, escucho el célebre Claro de Luna de Beethoven, en la interpretación del magnífico Alfred Brendel. Beethoven sí que sabía de inspiración, Brendel de sentimiento y, un servidor, al menos intenta sentir parte de esa química para, simplemente, escribir un artículo.

¿Qué es la educación artística? Eso. Lo anterior. En este caso, el arte inspira. Inspira a escribir. Pero el arte es, además, creación. El arte se vive. El arte mueve fibras. El arte nos humaniza. Nos proyecta a cielos y, si queremos, a los mismos infiernos. Son pocos los seres en la historia de la humanidad como Miguel Ángel, Mozart, Botero, Vivaldi, Borges, Caruso, Lennon, Shakespeare, Velázquez, Davis, Coltrane, Cortázar, Hendrix, Baudelaire. La mayoría somos simple mortales incapaces de llegar a esas alturas, pero sí somos capaces, si se nos enseña, a verlos, leerlos, escucharlos, disfrutarlos. Esos genios un poco o demasiado locos. A veces solos. Otros en la embriaguez de la fama. Geniales. Apasionados. Introspectivos o desbocados. Reconocidos en vida u olvidados por la ignorancia y la injusticia del tiempo y contexto en el que vivieron.

Ahora poco importa eso. Ahora más que hablar del Mozart que fue sepultado en la fosa común; o del Beethoven atormentado y despreciado por una buena parte de su gente. Más bien quisiera pensar en ese Beethoven que viví intensamente en aquella aula del CENDI cuando mi hijo Alejandro tenía unos tres años. Ahí, como ahora en muchos lugares, Beethoven vive y no olvidado ni atormentado. Beethoven vive en esas almas infantiles que lo sentían en las teclas de un modesto piano interpretado por un, también modesto, profesor de escuela pública. En este otro caso, el arte se vive. Se vivió por aquellos monigotes dando vueltas como si sus brazos fueran aspas o quisieran atrapar la felicidad por siempre. Lo vivimos los padres que veíamos volar a nuestros hijos con las inmortales notas del Claro de Luna. Esa es una de las más grandes lecciones de educación artística que recibí en mi vida, sin que yo fuera el alumno. Ese momento, como tantos otros, me hizo reflexionar y pensar en la escuela que tanto buscamos y que no aparece.

Muchos años atrás, cuando estudié en la Secundaria Anexa a la Normal Superior, formé parte del coro de la escuela. Éramos tres voces. Había un líder en cada una. Cantábamos y nos sincronizábamos, por ejemplo, con: “El carretero se va, ya se va para Sayula, el carretero no va, porque le falta una mula…”. Algunos de mis mejores recuerdos de la secundaria, sin duda, pasan por aquellos conciertos en el auditorio Rafael Ramírez. A través del coro, del canto, del arte, uno cobraba identidad y sentía que estaba haciendo algo más que aprender, memorizar, exponer o resolver exámenes. Uno estaba atesorando sensibilidad. Uno aprendía a respirar, a escuchar, a entrar en el momento adecuado de la canción. Uno sentía y aprendía de manera simultánea. ¡Qué emoción! Así tendría que ser la escuela siempre. Una escuela en la que los muros fueran derribados por la imaginación y los programas fueran alimentados por emociones y razones, y no por meros contenidos huecos, ajenos, aburridos.

Una escuela en la que el teatro se presentara regularmente. Donde la danza fuera una de las expresiones cotidianas. Donde hubiera espacios y acervos musicales al alcance de todos, como parte de los haberes institucionales cotidianos; música para escuchar, para relajarse, para inspirarse, para sentir que seguimos siendo humanos. Un espacio escolar lleno de emoción, diálogos, conocimiento, sonido, movimiento, figura, cultura, arte.

Soy egresado de la Escuela Nacional de Maestros, hoy Benemérita. Tuve clases de danza regional, de teatro. No fui destacado pero me gustaba salir del molde tradicional de otras cátedras, aunque tuve algunas excelsas con Daniel Márquez Muro, Emma Godoy, Margarita del Olmo, el maestro Palafox, Concepción López Rangel, Lucero Lozano.

En las primarias y secundarias en las que trabajé poco se impulsaba el arte o la educación artística. Se hacía en los festivales y, regularmente, era un recorrido por el folclor nacional. Emotivo. Entrañable. Necesario. Aunque insuficiente. El arte ayuda a fundar, sentir, recobrar o enorgullecerse de la nacionalidad, pero debe, además, lanzar, proyectar y saltar barreras, de cualquier tipo, para dejar que los seres humanos (no alumnos, mucho más que eso) vuelen, se sientan parte de esa historia de creación que no es exclusiva de nadie sino patrimonio de la humanidad.

Debemos aspirar a una clase de música que sirva para algo más que aprender a tocar la Bikina en una limitada flauta dulce, en las escuelas secundarias. Eso no es arte. Eso es acotar sus posibilidades. Eso es menospreciarlo. Es un martirio, sobre todo, para los que escuchan en las aulas aledañas.

Cuando fui asesor de un Subsecretario en la SEP, me autorizó diseñar un proyecto de arte en las escuelas públicas. Se denominó ESCOLARTE. La idea era ocupar escuelas vacías en el turno vespertino y convertirlas en espacios de creación y recreación artísticas. Música, Artes Plásticas, Danza, Teatro y Literatura. Para niños de seis años, hasta jóvenes. Con maestros que no tenían empleo. No improvisados, desempleados. Originalmente serían dieciséis escuelas en el DF, una por delegación. En barrios marginados. (La cultura no debe ser potestad de la aristocracia; a la burguesía no le interesa). Brincar fronteras y derribar prejuicios. Chopin, Goya, Revueltas, Sandi, Moncayo, Rulfo, Quiroga al alcance de los que no saben de ellos ni los disfrutan, simplemente, porque nadie se los ha presentado: Plastilina, guitarras, acordeones, lienzos, hojas, ideas, plumas, tacones, libretos a su alcance…El arte es contexto. El Proyecto sería piloto. Si funcionaba se abriría a más escuelas de la ciudad. Como muchas cosas en este país quedó trunco, por falta de presupuesto y por transición gubernamental. Así, como tantas cosas, no se puede avanzar. No hay en el país una visión seria de lo que queremos ser. Luego entonces cada gobernante busca arrear agua para su molino, su grupo, su propio proyecto. Creo que el gobierno del Distrito Federal quiere hacer algo parecido. Algún proyecto de educación artística. Ojalá y sea en serio y fructifique. Nuestros niños y jóvenes requieren espacios para el arte (como para el deporte). Espacios de virtud que los alejen de la delincuencia. Una sólida educación artística (no la mera clase de música descrita) proyectaría a los jóvenes y niños a la formación de su sensibilidad. El arte puede y debe enseñarse. De no ser así ¿por qué en algunos países europeos, por ejemplo, un buen porcentaje de su población sabe música? Porque los enseñan, y por eso tienen magníficos músicos y muchos más que los saben escuchar y disfrutar. Arte es sensibilidad. Arte es emoción. Arte es parte de la educación. Con el arte conocemos otros mundos, otras sensibilidades, otras formas de sentir y, todo ello, nos enriquece y nos hace mejores seres humanos. El arte humaniza.

Ahora ya terminó el Claro de Luna. La computadora abre otra ruta de la creación: Estoy escuchando la 8a Sinfonía de Schubert, conocida como la Inconclusa. Bella paradoja: El arte no concluye jamás. El arte puede ser para todos. Me recuerda que la belleza está cerca, con sólo un clic; que puede ser parte de la escuela. Arte… Belleza, ¿qué otra ruta educativa nos llevaría más rápido a la humanización? ¿Habrá algo más importante en la educación que humanizar?

Alfredo Villegas Ortega
Maestro en Educación por la Universidad Pedagógica Nacional y Académico de la Escuela Normal Superior de México.

Alma Torices. 09 de Julio de 2013 23:30

EL ARTE HUMANIZA… nada más peligroso para el modelo actual, ¡nada más atrayente para la educación hoy!. para los que nos decimos profesores… Gracias por sus letras… Leerlo es como estar ante la renovación de la profesión… así que, renuevo el compromiso.
Mi gurú dice: “Estamos de acuerdo, la clase de ‘arte’ debe salir de la currícula, es una clase mal diseñada que no sirve” y como buen orador espera la reacción incómoda pues lo dijo ante los profesores de ‘artes’ para concluir a lo cual me sumo totalmente "Las clases, las materias que si importan, español, matemáticas, ciencias, esas deberían de darse bajo el perfil artístico y que el de español enseñe el idioma a partir del arte, y el de historia a partir del arte y el de mate tendría que dar su clase a partir del arte, aplicando las ecuaciones al pensamiento de Miguel Ángel, al compás de “Sobre las olas”… pero como ellos no están listos, ahora tenemos la clase de ‘artes’ para ir perfilando a los profesores que enseñarán con el perfil artístico… así que tenemos la salud emocional de la humanidad en 50 minutos… ¡A CREAR!"
Gracias… compromiso renovado! ¡A CREAR!.. para poder creer…

Reina Orellana. 31 de Octubre de 2016 10:11

Alguna vez ha pensado en presentar su proyecto ESCOLARTE a la UNESCO? Tal vez exista la posibilidad de que pueda volverse una realidad. Soy maestro de musica y nunca pierdo la esperanza de que es arte no sea vista como una materia de categoria menor en las escuelas.

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