Maestro
LA CLASE

Tema del mes

Jesús Caballero y Díaz


Una lección del Posgrado

Al iniciar el curso de educación comparada me comprometí a una difícil tarea las razones ocultas de la diferencia entre la teoría y la práctica educadoras de gringos y cubanos del siglo XXI, James Caan había ofrecido un curso basado en la metodología de la comparación, sus intenciones ocultas nunca lo fueron tanto, saliendo del aula era un platicador obsesivo, sus alumnos y colegas hacían cola, asuntos del día, rencillas colegiales, futuros eventos académicos, sin embargo, no podían sustraerlo de la conversaciones antecedentes, de nuestros trabajos finales quería evidencias del alcance nuestras destrezas en el nivel de los estudios del curso y de nuestras propuestas, quería obtener en su singladura otro“master” en su universidad floridana.

Un día pude colarme hasta su cubículo recién descargaba su portafolio de Indiana Jones sobre el escritorio, lo observe detenidamente, me sorprendió admirando su vejestorio, dirigiría mi último trabajo universitario. ¡Hola Abel! Yo, mudo. Y ¿ahora qué?, tienes tiempo para quitarme el mío. Acostumbrado a su estilo cuestionador quise responderle cuando con la mano me invitó a sentarme, su portafolio de piel de cocodrilo muerto y desollado en la primera dinastía del primer faraón del bajo Egipto era una buena defensa para los dos, el trajinaba con sus anteojos, su teléfono, su paquete de cigarrillos y su café humeante y oloroso. ¿Quieres uno? Me interrogó, asentí con una mirada. Pues sal y cómpralo, no te tardes. Pero no fui.

Tienes cuarenta minutos, comienza. Traté de sacar el borrador de mi morral oaxaqueño, pero mi nerviosismo me impedía encontrarlo, James me miraba igual que mi mamá cuando no encontraba lo que me ordenaba buscar. Abel, esto se trata de estudiar, no de mecanografiar o taquigrafiar, aplácate. Doctor Caan. James, Abel, James. El punto, es personal. Perfecto, Abel, buen principio. El punto es que en estas clases he descubierto mis limitaciones para la investigación. Abel, solo para el estudio, Abel ¡sólo para el estudio! nadie te pide más allá que las dimensiones curriculares del programa. De eso se trata James , en los ensayos que practicamos, aterrizar en lo concreto, como dices, bajar del “topos uranus” de las intenciones al “bathós” del objeto de mi estudio me metió en muchas distracciones, cada avance me ofrecía nuevas tentaciones, otras obligaciones. Abel, empezaste mal, lo recuerdo, aunque tu última aportación les pareció a tus compañeros interesante, abandonaste la descripción de la metodología y ofreciste un cálido relato de los niños de la escuela de tu barrio. Si, pero a Mendizábal le pareció un cuento de Memín. Esas son las lecturas de Memo, nunca pasó de ahí. Sus sonrisas estimularon las mías, el gringo conocía nuestra cultura popular, cada conversación en clase le revelaba nuestro origen, nuestros antecedentes académicos, la cultura de nuestros barrios, si bien no era indulgente, si aceptaba escuchar la cuchufletas de mis compañeros, de él aprendí a disfrutar del rufianesco estilo de mis compas.

Quisiera enfocar mi trabajo sobre aprendizajes escolares. Agarras la serpiente por la cola Abel. Como alumnos, James, confieso, no aprendimos a conversar sobre los temas de clase, con dificultades recuerdo que solo mis maestros de primero y segundo de primaria intentaron diálogos, conversaciones, luego en cada grado, nivel de estudios fueron mas escasos. ¡Abel! de eso se trata tu trabajo, la educación como política, como pedagogía, como currículo me importa menos que esto que acabas de expresar, dos dimensiones tiene esta primera conversación: la propuesta de tu objeto de estudio y la mas importante: el descubrimiento del sujeto de estudio, o ¡seaa! que bien empieza el estudio por el arranque epistemológico. Y ¡a darle que es mole de olla! Es que me desvié por la enseñanza de mis profes, mis maestro de todos lo niveles, eso que llaman ahora evaluación, en la que solo me ”calificaban”: taches en matemáticas por cada operación, problema, equivocados; palomita por cada solución acertada conforme a su librito, nunca saqué un diez, nunca supe el porqué de los taches, me aterrorizan las calificaciones apenas aprobatorias del seis y siete, me mataban las de cinco y hasta ceros que tuve en álgebra con el Cuadrado de Gil ¿Un nuevo teorema geométrico? No James, el nombre de uno de mis catedráticos que en el nombre llevaba la fama. Abel, Abel, al rato vas a decir que yo, Caín te maté con una quijada de burro. Sólo que sea la de Memo, nos carcajeamos. En pocos momentos apapachos, felicitaciones un “muy bien” con lápiz azul, pero ¿en qué estuve bien? Ninguna explicación ¡Ah! y los estudios para los exámenes finales tuvieron algo en común: ¡no recuerdo nada de todas las pruebas pedagógicas que respondí. Esto esta muy bueno, Abel ¿me dejas prender la grabadora? James me agradaba, me hacía sentir que le interesaba mi discurso, ni siquiera mi confesor era capaz de sonsacarme la confesión de mis peores pecados. Mira Abel si hubieras empezado tu trabajo por un estado del arte de los libros que no has leído, estaríamos bien, siempre y cuando no fuera yo tu asesor. Pero te confieso, ahora yo soy tu monaguillo. ¿Esto que acabo de decir, es importante? ¡Yes sir!, ¡ Esto es lo que debes rescatar!. ¿A ver dime por qué es digno de este curso?

Y eso que no había entrado en la presentación de mi borrador, James me estaba presentando a mi, a mis dichos como objeto de estudio, un objeto de estudio que no era el mío ¿Yo? ¿Objeto de mi propio estudio? Pues si Abel, cuando hablas de la educación, no quieres hablar de un asunto ya muy escrito, muy leído, muy bien expuesto en otros trabajos de otros docentes: eso de comparar políticas educativas, legislaciones, currículos, materias, bibliografías españolas, brasileñas, argentinas, solo son discursos, textos, algunas investigaciones, pero Abelito no son tuyas, son ajenas, lo que quieres hacer y que acabas de decir es la educación es un buen ejercicio: ¡tu educación! Son, tus aprendizajes, los productos de una enseñanza, de muchas enseñanzas, de tu sistema educativo, empiezas a definir tu objeto de estudio por el sujeto de la educación, de los aprendizajes, partiste de las enseñanzas, pero empezaste a revelarte consciente de tu instrucción, de tu formación, de tu educación, revisa lo que dijiste. ¡Ah, caray! Para empezar baja al primer escalón: repasa lo que sabes de este curso, lo que aprendiste: ¿a ver, cómo? ¿conforme al programa? No Abel, no, conforme a lo que recuerdes.

Salí del cubículo confundido, para James, mi confusión era síntoma de avance en el estudio, de estar en la primera etapa de mi trabajo , volví a mi borrador, aparecido por arte de magia, muchas noches de desvelo…¡a la basura!. ¡Quihubo Abel! ¡Que onda Flaco, que bueno que te veo, vengo de con uno de mis lectores. Con Caan, ¿no güey? Pos si, quería hablar con alguien, pero me conformo contigo. No te pego porque me das lástima, a ver ¿cual es el pun? En su curso se me apareció mi tesis y gracioso me invitó a presentarle mis primeras ideas, quería comparar la moral en los estudios básicos cubanos y norteamericanos, con el borrador en el morral entre al cubículo de Caan y lo encontré de buenas y me cambió la jugada. Pues que bueno que lo encontraste, Alma se queja de no encontrarlo nunca. Te cuento, me dio un revolcón epistemológico. Le encanta la relación sujeto-objeto, para él no hay discurso sin ideología, ni ideología sin sujeto propositor. Pues sí, te digo, me descubrió a mi mismo, entiendes, a mí mismo como objeto de estudio y no como autor de una tesis. ¡Pues claro! si apenas la empiezas. Ese es el punto, el colmo es que me propuso que de ahí arrancara, que le diéramos una vuelta de ciento ochenta grados a su curso. Ya se, con seguridad te dijo que ignoraras todo el programa. Te equivocas dijo agarrar a la culebra por la cola. Se oye horrible ¿Qué onda? Nada menos que evaluar su curso, evaluarme, te das cuenta, darme cuenta, dar cuenta de lo que aprendí. ¡Tá canijo! ¿no crees?¿Cuando lo hemos hecho? Pues hoy, ahora Abelito, en su curso, Caan nos advirtió desde un principio que…no era… de… pedagogía… comparada, mi buen, sino de Educación Comparada. El centro, su asunto fue: Sujetos de procesos de aprendizaje, no medios, no educadores, no fines educadores, no fines ocultos. Pinche Flaco, tienes razón, no está mal reconocerme como sujeto de la “educación” ¡que va a estar mal! ¿Me ayudas recordando algunas torpezas de las tuyas?

¡Bay Abel! El Flaco me dejó pensando ¿Qué voy a decir, a escribir, a presentar, viéndolo bien ¿Yo que hice? Todo lo hicieron los maestros, la escuela, la sociedad, el gobierno, el propio James Caaan. Yo ¿que me propuse? ¿Yo qué quise aprender? Lo que aprendí, lo que supongo aprendí ¿lo puedo nombrar, recordar? ¡AAabel! ¡Quihubo Flaco! ¿No que te ibas? Narda está muerta de la risa, te oyó, ¿Qué si la incluyes? ¿Cómo empiezo? ¿de dónde arrancó? ¿Qué dije de mis resultados?¿Qué dije de mi? ¿ Yo, objeto de estudio? ¿Yo, objeto y sujeto de estudio? En la m…

Me dijo que empezara a descubrirme como aprendiz de su curso, el Flaco dijo sujeto de la educación, Yo diría: resultados educativos, mis propios resultados, no mejor procesos: desde mis expectativas, lo que suponía iba a ser el curso, eso debe valer, lo que no entendí de sus primeras presentaciones, y ¡claro! Lo que hicimos en el curso, la integración de mi equipo, las conversaciones, las discusiones, sus orientaciones, no eso no, quedamos, quedé: ¡En mis aprendizajes! no sus enseñanzas ¡ Chin! ¿Cómo los deslindo? ¿ Y ¿si digo como acepté mi parte? ¿Cómo definí las lecturas, su orden, el uso de mis ficheros, los resúmenes? ¿Cómo explicar lo que nunca pensé explicar, recordarlo ¿será también otro aprendizaje?

Me presenté en el aula ante mis “cuadernos”, ante James, a hacer mi exposición:” Un asunto central o casi en su materia, en su obsesión fue: el sujeto de la educación: la psicología, la antropología de el aprendiz, del estudiante, del educando, me retó a ser mi objeto de estudio: presento mi toma conciencia de los fines personales del programa , de mis tareas escolares, mi acometida de la libertad propuesta, reconocimiento del valor de mis dudas, puntuo las problematizaciones, relataré las dificultades del arranque, y la presentación como arranque de la comparación, Flaco y Narda quieren contribuir. El Flaco levantó la mano y empezó a cuestionar…abrí los ojos, vi el reloj, a toda prisa me vestí, no desayuné, salí corriendo, en el autobús recordé el sueño, llegué al aula. Otra vez tarde Abel, advirtió Caan, mostré sonriendo mis papeles y me dejó entrar.

Portales, B. J. a 15 de mayo de 2013

Jesús Caballero y Díaz
Maestro y formador de docentes

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