From_simpson
Deserciones


Alberto Monroy Limón


25 cosas sobre uno mismo

El presente texto es un juego sobre 25 cosas sobre uno mismo; el objetivo del juego es que cada uno de los que lea la nota hagamos un ejercicio similar e inviten a otros 25 en su respectivo material; claro que es opcional.

Lo tuve que reducir a 18 cosas pues al ritmo que llevaba, hubiese terminado mis 25 en la próxima revolución tecnológica…

1.- Amo a mis hijas por encima de todas las cosas. Yo nunca fui partidario de la paternidad, para mí la docencia cubría esa necesidad; pero cuando se dio el hecho de manera natural, quedé prendado de ellas irremisiblemente.

Por supuesto que lo que más amo son sus preguntas; no hay nada más esclarecedor para uno mismo que tratar de explicarle un asunto peliagudo a tus hijos… Y sus preguntas siempre dan en el clavo, siempre te ‘tocan’ de un modo profundo.

2.- Mi pasión por el futbol la adquirí en 1968 cuando a mis tiernos seis años seguí la campaña del Cruz Azul, entonces desconocido y novato equipo que luchó denodadamente todo el torneo por arrebatarle el campeonato al poderoso y multicampeón Chivas, hasta que a tres fechas del final del torneo, venció 3-1 al León y logró un puntaje inalcanzable para el Guadalajara, obteniendo su primer campeonato.

Desde entonces he seguido con la Celeste en las buenas y en las malas (como la dolorosa derrota en la Final, de hace pocos días); y con mi amor por el juego intacto, a pesar de los años…

3.- Me gustan las redes sociales, son mi campo personal de juegos; en ellas me divierto, me entero, intercambio opiniones y me conecto con gente maravillosa (tanto los que conocía de antes, como los que conocí aquí)…

No entiendo a los que menosprecian las redes como antítesis de la vida, como si lo que pasara aquí no fuera también (o pudiera llegar a ser) una vida plena… El truco, me parece, es agregar la plenitud de las redes a tu vida exterior, no reemplazarla.

4.- La música es para mí una segunda naturaleza; muchos de mis recuerdos infantiles descansan y se alimentan de una canción (la que escuchaban mis padres en casa en ese momento); así me llené el gusto con boleros de Los Ases, María Victoria o Sonia y Miriam; con el jazz de los 50 y las grandes bandas; con Bach y Tchaikovsky; con Beny Moré, Alberto Beltrán, Celio González y Celia Cruz.

Cuando tuve mi primer radio, comencé a consumir los Robertos Carlos, Karinas, Solitarios y Ángeles Negros de la época, pero en 4º de primaria vi la película de “Melody” (que me pegó intensamente porque yo tenía una Melody en mi salón); la música de ese film fue toda una revelación, y mi gusto dio un viraje de 180 grados…

Así es, el de la voz confiesa que le gustan los Bee Gees, y que a partir de una búsqueda de otras canciones (además de las de la película) de este vilipendiado grupo británico, se echó un intenso y prolongado clavado en el rock-pop de los años 60 (y lo que le siguió) el cual aún no termina del todo…

Así descubrí y amé además a Beatles, Hollies, Lennon, Pink Floyd, Premiata, Santana y tantos otros que se acumularon a mis gustos pasados. Porque he de advertir que en música soy inclusivo y acumulativo; la considero el soundtrack de mi vida y, por ejemplo, ahora se abre sin prejuicios a los gustos de mis hijas y de amigos cuya opinión considero “autorizada”.

5.- Soy un goloso para la comida (bueno, y para muchas cosas más); me gusta comer de todo (y con exceso, como dice mi padre); amo los caldos y las sopas (mi única diferencia filosófica con Mafalda), me encantan las carnes rojas, los mariscos y ciertos postres… (No soy muy aficionado a los vegetales: “come yerba, millones de vacas no pueden equivocarse”, decía Cabral).

6.- Desde que en secundaria tuve que hacer con unos compañeros un noticiario, me he visto involucrado en la creación de decenas de revistas, periodiquitos y gacetas de la más diversa calidad y alcance. La mayoría de estos proyectos duraban unos pocos números antes de morir, generalmente por inanición.

Pero la necesidad surgía otra vez, en otro contexto y con otros compañeros, y de nuevo caíamos en el afán de montar otra revista, fundar un nuevo medio: Colectar colaboraciones, buscar financiamiento para el tiro, reclutar diseñador, etc. Unos cuantos números después, el proyecto fenecía… Y a comenzar de nuevo.

Ya con los medios digitales, en la era de Internet, las posibilidades crecieron y los proyectos se hicieron más duraderos y menos onerosos… Siempre fue muy emocionante y divertido y, pese al resultado, siempre valió la pena el intento. Es una gran aventura que les recomiendo acometer a todos, al menos una vez en la vida.

7.- El sentido del humor es de lo más preciado por mí; yo digo que si tienes una idea meritoria, es mucho mejor si la expresas con ingenio y picardía…

Desde Ibargüengoitia, cierto Cortázar, pasando por Les Luthiers y los grandes comediantes del cine, la mejor época de Por mi madre bohemios, algunos moneros, disfruto intensamente del buen sentido del humor; y me encanta cuando logro crear cosas con ese tenor.

8.- Descubrí el cine siendo muy pequeño, cuando mis padres me llevaron a un festival de Chaplin en el Che Guevara de Filosofía; desde entonces ha marcado mi vida. Sus puntos de inflexión principales han estado señalados, para bien o para mal, por películas que amé desmesuradamente, y a las que vuelvo sistemáticamente, como quien visita a parientes muy queridos.

El cine es, de lejos, la principal actividad cultural que consumo: Lo veo a raudales, escribo sobre él, sigo a mis héroes de la pantalla (directores, actores, fotógrafos, etc.), descubro nuevos talentos, me encariño con escuelas y tendencias, me desilusiono de otras… No pretendo estar al día, de hecho es raro que vaya a los estrenos.

Del cine, también, he obtenido hallazgos maravillosos en música y otras artes que, como es usual en mí, acabo por consumir vorazmente.

9.- ¿Han oído eso de “rollero mata carita”? Pues yo soy rollero, y me encanta serlo; es más, generalmente mi único modo de expresar emociones es verbalizarlas. Me gusta acariciar con las palabras a la gente que se ha ganado una caricia, y creo que suelo ser elocuente.

Del mismo modo, si me veo precisado a entrar en confrontación con alguna persona, prefiero hacerlo con las palabras (aborrezco el pleito físico, y lo considero un fracaso personal si llega a darse).

10.- Desde pequeño he sido un lector voraz, a tal grado que mi madre me obligaba a ir al parque (y yo me llevaba un libro escondido en el pantalón, obvio). Muchas de mis mejores aventuras las he vivido a través de libros (novelas, generalmente); desde Los Pasos perdidos, Crónicas marcianas, El Fin de la infancia, Los Periodistas, El Factor humano, El Proceso, La Cabeza de Alvise, El Complot mongol, La Casa Rusia, Palabras mayores, El Péndulo de Focault, Rayuela, La Inmortalidad, La Historia del ojo, A cuatro manos, las series detectivescas de Simenon, Christie y Conan Doyle, los desfiguros del divino Marqués, las apesadumbradas historias de Philip K. Dick…

De mi otra pasión, el cine, adquirí el hábito de leer guiones y buscar novelas que descubrí tras ver sus traslaciones fílmicas, como las de Brukhner, Lampedusa, Mann, Orwell, Harris, Conrad, Bowles, Puzo, Stevenson, Pérez Reverte… Se crea así un círculo virtuoso (o vicioso, según se vea) entre cine y novela que continúa hasta el presente. En este momento, estoy tras la búsqueda de las novelas Cloud Atlas y Savages.

11.- En parte por necesidad, cuando tenía uno que entrarle de última hora al diseño de una plana, y en parte por puritito gusto, me he involucrado en la edición de imágenes (collages y superposiciones, sobre todo) y debo confesar que me encanta…

Casi todo lo que hago lo entrego físicamente como regalos, por lo que no he subido mucho a la red (además de que no creo que sean muy buenos), pero qué divertidas me doy. Esta afición ha evolucionado hacia el video también.

12.- Me gusta el café caliente, a punto de hervor, y absolutamente negro (sin azúcar ni cremas/leches)… Un ocasional ‘piquete’ de ron es bienvenido.

Los tes, sólo por enfermedad; y el mate, a medio camino entre uno y otro.

13.- La grilla tiene un rol importante en mi vida; soy de esos anormales que viven y leen la política; de izquierda por herencia y temperamento, pero suelo sospechar de las unanimidades: Cuando empezaba en la Fac, un maestro y los demás alumnos en una clase festinaron cierta lectura de Lenin en la que hacía pedazos al “revisionista” Kauski.

Al final del día fui a la biblioteca y busqué el libro maldito, y debo confesar que me pareció muy razonable y mucho más complejo que la caricatura que combatía Lenin en su famoso opúsculo. Sobra decir que cuando expuse en clase mis hallazgos, todos me vieron como alien.

El tiempo que fui político activo (en el CEU del 86-90) esa fue mi norma: Problematizar los lugares comunes de la izquierda, repensar los problemas y estar atento a la realidad. Luego de un tiempo decidí dejar la política (que es una actividad de tiempo completo, 24/7) y me volví espectador de ringside (que es básicamente, el periodismo).

14.- Me fascinan los juguetes tecnológicos, y armar cosas nuevas con ellos…

Cierta vez enlacé la salida de audio de una videocasetera betamax sony estéreo hi-fi (aún no había VHS o CD) con el estéreo de mi casa (4 bocinas), y la salida de video con un videoproyector de datos (que entonces no eran caseros, sino armatostes que había que mandar poner en el techo)… Y voilà! Me hice un “Home theatre” de pelos, antes de que siquiera existiera el término.

O cuando me compré un reproductor portátil de MP3 Creative (plateado, pachoncito), aún antes de que Apple sacara su hoy imperativo iPod…

15.- El chocolate es uno de mis principales vicios, y el mejor chocolate de México lo consiguen en un pequeño y discreto negocio ubicado en Presidente Carranza, en Coyoacán… Es caro, pero vale la pena. (Lamentablemente, ésto no es un comercial por el que vaya a recibir alguna bolsita de trufas ;-)

16.- Una de las cosas que más amo es un buen debate; esos en que los debatientes intercambian ideas, refinan y precisan sus diferencias, son sensibles a los argumentos del otro, refutan y replantean en función de las razones argüidas…

Esos en que nadie usa recursos retóricos para rehuir una debilidad argumental, donde nadie descalifica o demerita a la persona sino que se centra en el argumento, mediante razones; donde nadie ‘descubre’ intenciones ocultas del debatiente; donde no se pretende vencer al contrario, sino fortalecer el conocimiento y hacerse cargo de la complejidad de un tópico.

Es tan raro que se logre, es tan fácil sucumbir al esgrima verbal per se, que cuando asistes o participas en uno de estos genuinos debates, es una fiesta y una delicia. Recuerdo un debate así (al menos por un tiempo) en los muros de FB hace un par de años sobre laicismo y hace poco presencié otro en el muro de González de Alba.

17.- Existe todavía una fase superior del debate (si se me permite el arcaísmo leninista), es muy rara y generalmente destinada a asuntos que no son de posicionamientos, sino de disfrute; los participantes deben ser tan amigos y/o estar tan en confianza, que no necesitan usar el recurso para establecer primacías. Podrá haber durante su transcurso aquí o allá, algún debate específico, pero en general los opinantes construyen juntos, con sus aportes, una visión detallada y compleja.

Recuerdo uno, al día siguiente de una borrachera, en la que un grupo de amigos de la UNAM nos pasamos no pocas horas desmenuzando de este modo la peli de Stone: Asesinos por naturaleza… O hace un año, en el que varios tuiteros conversamos sobre el cine de Gilliam, mientras veíamos un concierto online dirigido por él.

18.- Me gustan las series de televisión; desde chavito seguí y disfruté con Misión imposible, Dimensión desconocida, Doctor Who, OVNI; posteriormente, Columbo, X files, The West wing, casi todas las secciones de la franquicia Law & Order, Homicide: life on street, Inspector Morse, los CSI, Criminal minds, Dexter; recientemente, Sherlock, Elementary, Da Vinci, Hannibal, etc.

Están además algunas de las que veo con mis hijas; pero de todas las series siempre hubo dos cosas que odiaba: Comerciales y la obligación de la cita a la siguiente semana (y que a veces la televisora ni respetaba, al cambiar la seriación)

Todo eso quedó superado con Internet; ahora puedes ver 2 o 3 episodios seguidos (sin cortes) y en el día y hora que tú escojas… Qué maravilla ¿no? Casi podríamos decir que “Internet killed the TV show”.

Seize the (rainy) day

Alberto Monroy Limón
(1962), es editor de la Revista Veneno.

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