Policias_vs_civiles
Deserciones

Afilar las garras al Puma

Joel Ortega Juárez


¿Quiénes atentan contra la libertad de manifestación?

Patricio en un cartón pone a un chavo con un paliacate que le cubre parte de la cara, en una mano porta un garrote y en otra una molotov, se dirige a una chava que porta una pancarta que dice “No se olvida”, ambos están en la plancha del Zócalo; el del paliacate le dice: “Nuestra propuesta es simple: nosotros madreamos a los granaderos, ellos los madrean a ustedes y los apañan, y en la siguiente marcha volvemos a hacer lo mismo. ¿Chido?”.

Esta “estrategia” conduce a la derrota y facilita la política del miedo que aplica en el DF el gobierno de Mancera y a nivel nacional el gobierno de Peña Nieto con el apoyo de los gobernadores, como el perredista de Guerrero.

No tiene caso hacerle al avestruz. Tanto los que defienden a Mancera, como AMLO, como los que voltean la cabeza, casi todos miembros del PRD, y no quieren ver que existen grupúsculos convencidos de practicar “la acción directa contra la policía”, como lo gritaban en el Zócalo el pasado lunes “les guste o no les guste, les cuadre o no les cuadre, el 1 de diciembre les pusimos en la madre”.

No es un asunto de chavos iracundos, solamente, se trata de una propuesta infantil. Su momento climático fue el 1 de diciembre, pero se expresa en otros episodios del movimiento social y ha conducido invariablemente al aislamiento, desprestigio y derrota de movimientos de masas como lo fue el YoSoy132.

A esa “estrategia” se suma la conducta de los gobiernos federal y locales, que en cada caso (1 de diciembre y 10 de junio pasado) practican una política de “tolerancia” a los “encapuchados” y detención arbitraria de los manifestantes a los que pretenden incriminar como responsables de “ataques a la paz pública” o de vandalismo como en el caso de la UNAM.

El resultado es nefasto: han logrado crear un clima de miedo ante la realización de manifestaciones.

Un derecho que costó decenas de vidas el 10 de junio de 1971 y en otras manifestaciones reprimidas con salvajismo, está amenazado por los gobiernos federal y locales, con la complicidad e hipocresía de la “izquierda” enchufada y la histeria de casi todos los medios que divulgan imágenes de encapuchados pateando policías pero esconden las palizas de los granaderos a los manifestantes pacíficos.

La ambigüedad solo sirve a los gobiernos y los poderes fácticos.Ante la amenaza al derecho de manifestación, no se vale callarse.

Ni restauración del autoritarismo represor, ni “estrategias” infantiles que descarrilan al movimiento.

2013-06-15

Joel Ortega Juárez
Economista y pensador social

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