El_santo_chueco
Orientación educativa

Extramuros

Ariadne Sahori Martínez Pacheco


El Santo chueco: obra teatral de equívocos, corruptelas y favorcitos muy a la mexicana

“Lo prometido es deuda”… así “rezan” en mi pueblo, y el que debe, falta y teme; y yo, no quiero ser uno de esos (para eso están los poderosos). Así que en las líneas siguientes, haré mi mejor esfuerzo y trataré de verbalizar y aterrizar en palabras —que no harán justicia—, lo que es la puesta en escena “El Santo Chueco”.

Uno llega y de tanta gente que ve, no sabe ni dónde acomodarse. Pero, no le hace; ya te hicieron un huequito los señores que están en la segunda fila, dicen que no están apartados esos asientos y que con confianza le pases a lo barrido.

Es apabullante y sabroso ese sentimiento que te invade de primer instante, harta gente abarrotando el lugar; niños, gente joven, adultos, cabecitas blancas que van de la mano, señoras con rebozo y sus tejidos hermosos; ya llegó “el Juan” dice el vecino de junto, inmediatamente la calidez de la convivencia entre vecinos se hace presente y se acerca a mí una señorita ofreciéndome una bolsa de palomitas naturales y un vaso de jugo de naranja.

—Pa’l calor –dice-, y pa’ calmar el hambre.

Un detalle que no dejó de sorprenderme fue que los más impacientes resultaron ser “los grandotes”.

—No aguantan nada, ¡ya merito empieza! Acabo de ver a un señor con máscara. –escucho decir al pequeño que está sentado a dos asientos contiguos al mío.

Todos acomodados en filas y los que no alcanzan asiento, ya se pusieron en las esquinas, otros prefieren sentarse en el pasto; el señor con camisa a cuadros de color azul prefiere irse atrás y recargarse en la barda.

—¡N’ombre, aquí me quedo, se ve re-bien!

La escenografía: un dibujo plasmado en tela o papel kraft, —¿se escribe así?— en el que vemos una catedral, habitantes, la bandera de México, el decorado tan hermoso de los papeles en tiraje de distintos colores y figuras que hacemos nosotros los mexicanos en papel maché y una mesa con tres sillas y párele de contar.

Al fin y al cabo, pa’ crear el inefable hechizo del teatro itinerante o callejero, basta con ser harto creativos (realizadores-actores) y harto imaginativos (público-espectador).

Vieran lo bonito de los vestuarios, ropa que cualquiera tiene arrumbada en el ropero —nunca tenemos nada que ponernos, según—, máscaras… ¡Ay qué chulas máscaras! Pintadas y hechas a mano, una pa’ cada actor, cada personaje es distinto, hasta la muerte sale enmascarada, arregladita con su sutil belleza de calavera y ornamento garigoleado pintado sobre el blanco con negro en su espesor.

La magia del teatro te empieza a inundar como por ósmosis, bien quién sabe cómo. No podría determinar el momento exacto en que nace el arte dentro de uno. ¡Vete tú a saber!, ni sentiste, pero ya estabas atrapado en el curso de la historia y sus vaivenes.

Música popular mexicana, cantando con voz en cuello, arreglos que canta alegre el acordeón arrabalero al compás del tamborazo de un poderoso bombo y el travieso platillo.

Ya salió “la Valentina” —actriz de “Puño de Tierra”—, es bien jaladora y a todo dar, tiene una sonrisa contagiosa, una agilidad, y una viveza sarcástica que pa’qué les cuento, tiene los ojitos azules más pizpiretos que el recinto escénico ha visto jamás.

¡A’í viene Daniela y Leo Soqui!, cante y cante, baile y baile. Vienen los tres a contarnos la historia de “San Chucho el cojo”… que diga: “Chucho el chueco”. Y empiezan a darle forma al cuento, diálogo perverso, y digo perverso porque el condenado está escrito con una elocuencia tal y un humor tan rico, que obliga a soltar la carcajada con descaro.

Resulta que San Chucho, que de santo no alcanza ni el apellido, es el más ruin y terrible vándalo de los cielos y la tierra. Al obispo del pueblo le deben una lanita y, pos ¿quién mejor que Chucho? Que sirva de algo, pa’ cobrar los favorcitos que muy amablemente el clérigo le ha proporcionado a los caciques más ricos y “saqueadores-aprovechados-corruptos-sinvergüenza-malnacidos” —sin ofender—, que son los hermanos Salinas. (Cualquier parecido con la realidad, es mera, meritita, “verdad de Dios” que sí, COINCIDENCIA).

Ya están viendo de a cómo les va a tocar a cada quién, los hermanos Salinas ya le echaron más agua a los frijoles porque Chucho llega a conbeber (sic), más o menos empiezan a medirle el agua a los camotes cuando ¡Moles!, a Chucho se le ocurre enfermar y caer en cama.

—¿Y ‘ora tú?, ¿Qué hacemos si se nos pela el desgraciado?
—Pos no sé, si se nos petatea, los malos demonios seremos nosotros, por ser los responsables de la muerte de alguien tan cruel y ruin, peor de ruines vamos a quedar ante todos.

Y que salen hechos la mecha a buscar a un ser puro, casto y libre de culpas pa’ que le de digna confesión, perdón y santa sepultura. Encargo del propio Chucho en su lecho de muerte, asustado y acongojado, que ya le vio los ojos encuerados a la Huesuda, ya le apretó el zapato, la Muerte no se anda con mentiras ni falsedades y justa como la chingada, le va a cobrar factura de todo el mal que ha hecho el méndigo Chucho.

Y pos a’í tiene usted al pobre inocente sacerdote confesando a Chucho, que disque de corazón se estaba arrepintiendo, crédulo le compró todita la sarta de mentiras que Chucho le dijo pa’ absolverse sus pecadotes.

—Lo más vil que he hecho, es faltarle a mi madre, darle problemas y no decirle cuánto la quiero, ¡Se lo juro!

Asombrado el ingenuo sacerdote, en chinga-loca ya le otorgó el “perdónalo señor y recíbelo en tus brazos” y ya corrió al pueblo pa’ ponerlo como máxima figura de bondad, de rectitud, de moral. Y a’í van todos los del pueblo a creer con ojos ciegos, fanatismo fervoroso, y desmesurada confianza las palabras del sacerdote que enalteció a alguien que le vio la cara; a martirizarse pa’ seguir los pasos perfectos de un ser tan ejemplar, pa’ darse de santos en nombre de Chucho… ¡CHALE!

¡No hay que creer todo lo que nos dicen!, ¡hay que investigar, poner en tela de juicio las cosas!, ¡no irse por las apariencias!, ¡hay que creer con criterio!, ¡haciendo juicio que’s gerundio!, ¡usemos la razón que no la tenemos de adorno!; disculpe asté pero, ¡¿Están viendo y no ven?!

¡Qué bonito mensaje, caray!, y gratis, y único, y creativo, y mexicano (Historia hecha por puño y letra de Fernando Bonilla y Valentina Sierra basada —si no mal recuerdo—, en un cuento de Giovanni Bocaccio.

Ya les había comentado pero, considero que es importante mencionar y agradecer el hecho de que “El Santo Chueco” es una propuesta escénica que llega a todos los rincones, calles y lugares de la Delegación Álvaro Obregón como resultado de dos esfuerzos: el proyecto político-cultural “_Teatro en las colonias_” creado por la iniciativa de los diputados locales Polimnia Romana y Fernando Zárate y el Grupo Colectivo “Puño de Tierra”.

Acercar el teatro y la cultura a todos por igual, porque la belleza de ambos no es exclusiva de unos cuantos, crear conciencia no cuesta nada, sólo hacerlo posible, el resto va por cuenta de la interacción entre arte-cultura-teatro y espectador-público-receptor.

Los chidos de “Puño de Tierra” estrenaron el día 11 de Mayo, formación cultural y social vía teatro itinerante; entre risas y música, que incita la convivencia familiar y ciudadana entre vecinos y miembros de una misma comunidad.
¡GRACIAS!

Yo no soy vecina de la Delegación Álvaro Obregón y es cuando canto: ¡CHIQUITITA!, DIME ¿POR QUÉ?… Sin embargo, los Obregonenses me han recibido con una calidez bárbara, y esa sinceridad y su buen trato, hacen que uno pierda el miedo y entre a la plática con confianza. Uno se siente como en casa.

La puesta seguirá en Junio pero, para que no se pierdan esta maravilla teatral y pa’ no errar con las fechas, lugares y horarios; les dejó el link de las redes sociales en las que con toda la libertad del mundo, pueden consultar toda esta bola de datos necesarios que no le quitarán ni cinco minutos.

En el “Facebook”: www.facebook.com/PunoDeTierra

En el “Twitter”: @PunoDeTierra, @fdobonilla, @polimniaromana, @FernandoZarateS

En la web: www.punodetierra.com

Ariadne Sahori Martínez Pacheco
Estudiante de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Anáhuac

Agregar comentario