Usos múltiples

El timbre de las ocho

Armando Meixueiro Hernández
Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán


¡Cómo hemos transformado este planeta!

César está calificando los trabajos finales de los cursos que impartió ese semestre, en el microscópico salón de maestros, ubicado misteriosamente en el cuarto piso de la universidad. Sin novedad; la mayoría de los que entregaron lo hicieron para salvar la materia. César les pidió un ensayo sobre las cosas que les apasionan: deportes, bailes, deportes extremos, modas, etc. Pero en los textos no palpita o no logran hacer sentir una vocación, una obsesión, una emoción desbordada.

Antes, el profesor César les había dejado hacer un pequeño documental con cualquier cámara (celular, tableta, etc.) tomando niños próximos a ellos. En éstos, la imagen reiterada fue de niños menores de ocho años en parques, juegos y hasta en playas, pero siempre con un dispositivo en las manos; sin conversación entre ellos, sin jugar realmente; concentrados moviendo los dedos sobre las pantallas. Lo peor es que de eso no trataban los documentales. Se suponía que era una imagen cotidiana registrada incidentalmente y que, al parecer, los alumnos no observaron críticamente.

César, tratando de reposar un momento en la ardua labor evaluativa, observa por la ventana. Contempla y se pregunta sobre su entorno. Lo que aparece en su mirada son edificios grises y negros: cemento, tabique, aluminio, cristales que se repiten casi incansablemente ante sus ojos. No hay vida frente a él.

El curioso evaluador abre la ventana, ¡clang, clang, clang! Y ruidos persistentes, ¡scrach, scrach, scrach! como de taller de carpintería ¡pak, puk, pak! Provenientes de los pisos inferiores del edificio, lo obligan a cerrar de inmediato. Ocupa esos instantes en recordar sus pasiones personales: la educación, la literatura, el cine y el ambiente. Sí, el ambiente, la base y estructura de la vida, incluida la humana. Repara en el planeta tierra. Como le hubiera gustado a él escribir acerca del ambiente.

César trata de hacer un ejercicio: mirar el ambiente desde la ventana. Presiona al cerebro para imaginarse el entorno que había allí antes de la presencia humana: ¿era una selva, un bosque, una barranca, había algún río, alguna cascada? ¿Cuál era la vida silvestre de ese lugar? ¿Cómo era la vegetación original? Intenta construir imágenes una y otra vez. No puede… Le asalta una imperiosa reprobación: ¡Cómo hemos transformado este planeta!

Armando Meixueiro Hernández
Director de Pálido Punto de Luz

Rafael Tonatiuh Ramírez Beltrán
Director de Pálido Punto de Luz

Shey. 06 de Junio de 2013 10:59

Muy cierto, lo hemos transformado tanto que da miedo. Aun por acá! Tenemos la dicha de ver, oír y sentir la magia de la naturaleza. Y es donde es más difícil hacer que la gente valore lo poco que queda. :(

Anónimo. 08 de Junio de 2013 17:07

Abuelo. Dine Dani.¿naciste aqui? Aqui,donde tu naciste querida. Y ¿eras techca o gachupín? ¡já,já,já!Ni uno, ni otro, nací ayer, en el siglo XX y ya no había ni tenochcas, ni gachupines. Entonces abue, ¿no conociste a Tenochtitlan? ¿qué pretendes Dani? Mira, me dejaron una tarea de historia de Mèxico. A ver ¿cuàl fue? Pues que le preguntara al mas viejo de mi familia ¿qué si la ciudad de México era como Meshico-Tenochtitlan? ¡Uy que maestra tan avanzada!¿lo tomaste del pizarrón? No, me lo escribió la maestra ¿Qué no ves la letra? Como tienes buena memoria te platicaré algo, luego tú lo escribirás: ni nací en esos tiempos, ni la ciudad de México se parece a Tenochtitlan, en esos tiempos no había automóviles, ni pavimento, ni multifamiliares,ni electricidad, ni televisión, tampoco internet ¿que te parece? Pero había abuelos como tú y nietas como yo y escuelas como la mía y maestras..? pues sí abuelos y nietas como tú y como yo, si había y unas escuelitas que en náhuatl las llamaban cuicalcalli, allí iban niños y niñas, jovencitos y jovencitas a aprender danzas y juegos. Pues si han cambiado las cosas abue, hora puro sentarse, contestar los libros, ver alguna lección en la tele y salir de la escuela. ¿ni cantos , ni juegos? ¡ni cantos , ni juegos! a veces ni platicamos entre nosotros porque nos calla el maestro, pero dime ¿cómo era la ciudad? A reserva de que te lleve a algún museo, te platico. Si, platícame, era una bella ciudad en medio de un lago enorme desde Chalco hasta Zumpango, desde aquí, desde Popotla hasta Texcoco, la ciudad tenía calles tierra construídas por los fundadores y “apantles” canales, calles de agua por donde circulaban chalupas.¿Que son las chalupas, abue? Unos barquitos de fondo plano como los de Xochimilco . ¡y! ¿llegaban hasta el centro?. Si, Dani y cargados de pasajeros y de mercancías. ¡Uy abue!,¿como ha cambiado la ciudad? No Dani, ¡Como la hemos cambiado!Una buena calzada atravesaba el lago desde la ciudad hasta aquí que entonces se llamaba Tlacopan . ¿Qué aquí no es Tacuba? Si Dani, si. Entiendo,¡Como han cambiado las palabras ha cambiado la ciudad! y la ciudad ha cambiado como han cambiado las palabras. No Dani, las hemos cambiado, nosotros , sus habitantes. Xss.

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