Faro_del_puerto_de_veracruz_mex
Deserciones

Mirador del Norte

G. Arturo Limón D.


Veracruz: Si a la memoria y no al olvido

Veracruz, es noticia ayer hoy y siempre, retrotraer un evento como el de la ocupación norteamericana de ese bello puerto, sucedido un día como hoy 21 de abril de 1914 de hace 99 años, podría parecer perdida de tiempo, pero no lo es, nunca puede ser tempo perdido dedicar un momento de reflexión y lo mejor de memoria a los hombres y mujeres veracruzanos que defendieron ese puerto en esa fecha y el apelativo de héroes que lo tienen bien merecidota G.A.L.D.

La supuesta causa

10 de abril de 1914. Marinos norteamericanos del acorazado “Dolphin” son arrestados en Tampico, Tamaulipas, donde se encontraba parte de la flota norteamericana apostada para dar seguridad a la zona petrolera; el almirante Henry T. Mayo y el cónsul norteamericano en Tampico exige que se realice un acto de desagravio a la bandera de aquel país. El pretexto para iniciar la intervención armada fue la negativa mexicana de rendir honores a un emblema extranjero.


Ocupación de Veracruz, 21 de abril de 1914

20 de abril de 1914. En virtud de que el gobierno huertista se había negado a aceptar la exigencia de desagravio, el presidente Wilson solicita autorización del Congreso para emplear las fuerzas armadas contra México.

21 de abril de 1914. Infantes de marina norteamericanos desembarcan en el puerto de Veracruz, ocupan la aduana y se enfrentan a los cadetes de la Escuela Naval y civiles voluntarios. Tanto Carranza como Huerta envían a Washington su protesta y exigen la salida de las fuerzas invasoras.


Tropas del ejército norteamericano desembarcando en el puerto de Veracruz, abril de 1914.

LA CRONICA DE UNA OCUPACION ANUNCIADA

Me parece justo para dar una crónica puntual, hacer uso del trabajo que Gilberto López y Rivas dedica al bravo pueblo de la República Bolivariana de Venezuela, en estas horas de prueba sometido también a un asedio mediático ante su cambio de gobierno señala lo siguiente con motivo de la fecha “Una vez más el pueblo veracruzano protagonizó una de las páginas más heroicas de la resistencia de los mexicanos frente al intervencionismo de Estados Unidos.

Como ocurrió en la ciudad de México el 14 de septiembre de 1847 en ocasión de la entrada de la soldadesca estadounidense, el ejército regular abandonó el puerto sin presentar combate al invasor, y fue el pueblo que de manera espontánea y sin un plan preciso de defensa, se lanza a las calles, levanta parapetos improvisados, se posesiona de las esquinas, de las azoteas, de los balcones y los campanarios, y con escasos pertrechos y una pocas armas, se dispone con su lucha perdida de antemano, a defender la soberanía y la dignidad nacionales.

El combate que se libra no podría ser más desigual. Estados Unidos, protegiendo sus vastos intereses económicos en nuestro país (petróleo, minas, tierras, ferrocarriles, etcétera) y pretendiendo erigirse en el árbitro supremo del conflicto revolucionario mexicano en marcha (Ver: Friedrich Katz, La guerra secreta en México, t. I, México Ediciones ERA, 1982), fondea frente al puerto de Veracruz, 44 barcos de guerra, tres buques hospitales y varias unidades más de aprovisionamiento, iniciándose el desembarco, que en cuatro días llega a situar en el terreno a más de siete mil hombres. La fuerza expedicionaria contaba con los medios de guerra más modernos de la época: rifles de repetición Lee, ametralladoras Gattling y Colt, artillería de grueso calibre, ilimitado suministro de municiones y pertrechos bélicos y, además, el apoyo artillero de la flota anclada en la bahía.

Con anterioridad al desembarco, los agentes estadounidenses habían logrado neutralizar la posible participación en la defensa del puerto del Ejército Federal Mexicano, al mando del general Gustavo A. Maass, de las tropas de Victoriano Huerta, quien dio golpe de Estado al presidente Madero, conminándolo a no resistir y a dejar la plaza. Efectivamente, en las primeras horas del 21 de abril, Maass se retira del puerto, rumbo a Tejería, abandonando a la población a su suerte y llevándose el grueso de sus tropas, la mayoría de las armas pesadas y ligeras, con su dotación de municiones, llegando incluso a olvidar en su precipitada huida, la bandera del batallón que comandaba, su espada y sus condecoraciones.

Al igual que en 1847, el pueblo inerme se vio de pronto enfrentado a un hecho consumado: la cuarta invasión extranjera en menos de un siglo, sin más medios de defensa que su profunda indignación y su decisión de resistir… los yanquis ocuparon confiados posiciones estratégicas cercanas al muelle. En los planes estadounidenses no esperaban encontrar resistencia en la toma del puerto. El poderío de la flota naval y la visible demostración de fuerza expresada en el desembarco masivo, hacía difícil suponer un ataque contra las fuerzas invasoras.

No obstante, el estupor inicial y la vergüenza del pueblo veracruzano al propagarse la noticia del desembarco, se desvanecen al escucharse los primeros disparos aislados: un solitario y modesto policía municipal, Aurelio Monfort, descarga airado su pistola frente a un nutrido contingente de marines, siendo inmediatamente acribillado por el fuego cruzado de la fusilería enemiga.

El pueblo reclama armas con exasperación, peleando incluso por las pocas que habían sido dejadas por el ejército. Otros se arman con algunos rifles y pistolas ofrecidas por algunos comerciantes. Algunos patriotas esperan turno, en medio del combate, para recoger las armas de los caídos: se registra un caso en el que ocho voluntarios civiles combaten con un solo rifle por horas.

Grupos de voluntarios civiles y algunos militares patriotas al mando del coronel Manuel Contreras, se distribuyen en grupos pequeños por los edificios y las esquinas de la ciudad sitiada.

En la Escuela Naval, los alumnos se apresuran a la lucha bajo el mando del Comodoro Manuel Azueta, siendo la única unidad militar organizada que resiste a los invasores.

El tiroteo se generaliza. La Escuela Naval y varios edificios de la ciudad reciben el impacto del bombardeo proveniente de los cruceros y destructores, mientras los marines, que despertaron la admiración del escritor Jack London, corresponsal del semanario Collier’s, barren las calles con balas expansivas dumdum, prohibidas por las regulaciones internacionales de la guerra en esa época.

No obstante la desigualdad entre las fuerzas contendientes, el pueblo resiste con denuedo más de 24 horas; todavía en la tarde del 22 se escuchan esporádicos tiroteos. Se dan actos de gran heroicidad en la lucha, como el de José Azueta, exalumno de la Escuela Naval, hijo del Comodoro, y teniente de artillería, quien empuña al descubierto una ametralladora para lograr mayor efectividad en sus disparos, hasta que cae gravemente herido; cuando los estadounidenses le ofrecen ayuda médica, Azueta la rechaza y les responde: “de los invasores, no quiero ni la vida”.

Mexicanos haciendo fila para enlistarse en el ejército, 1914.

De entre el pueblo se distinguen en las escaramuzas armadas artesanos, empleados, albañiles, comerciantes humildes, hombres y algunas mujeres que van dejando sus vidas en los puntos de mayor resistencia: Andrés Montes, modesto ebanista, combate todo el día a los invasores. Por la tarde del 21, pasa a su casa a dejar algunas provisiones; antes de regresar a la lucha escribe una carta a su hijo menor: “Hijo mío, si algún día vuelve a repetirse esto que está pasando ahora, defiende a tú patria como lo estoy haciendo yo. Tu padre”. Ante los ruegos de su esposa para que no saliera más de su casa, Andrés Molina exclamó: “ahorita no tengo madre, ni esposa ni hijos. Sólo veo que tengo una patria muy linda y tengo que defenderla de la infamia yanqui”

Niños y mujeres se dedican a cooperar en la defensa e incluso participan en la lucha contra el invasor…

La mayor parte de los muertos y heridos eran pueblo… fueron héroes anónimos sin lápidas ni monumentos que honren su memoria. Es más, varias de las placas que recordaban a las víctimas de la intervención yanqui en el muelle y en otros lugares del puerto, fueron destruidas por autoridades municipales en un esfuerzo continuo de negar al pueblo su lugar en la historia: borrar todo aquello que fortalezca el espíritu antiimperialista de los mexicanos. En las ceremonias oficiales que año con año se realizan en el puerto, y que encabezará este domingo el presidente entreguista y colaboracionista Enrique Peña Nieto, se exalta la figura de los militares que combatieron a un enemigo en abstracto, que ya no se menciona, como no se menciona la extraordinaria épica ciudadana” 1.


Manifestación popular en el Zócalo de rechazo a la invasión norteamericana en Veracruz, abril de 1914.

COROLARIO

Pasarían largos meses hasta que El 23 de noviembre de 1914 los invasores se retiraran, pero han regresado de manera encubierta y abierta, remodelando plazas y edificios, modelando conductas con creencias religiosas y con formas de diversión afines a lo norteamericano, poniendo gobernantes a modo de sus intereses según lo declarado por Richard Lansing secretario del tesoro del presidente Wilson en 1924, todo trabajando para sus intereses expansionistas.

Pero esa es otra historia a recordar y comentar.

1 Gilberto López y Rivas, Profesor-Investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia, Centro Regional Morelos.

G. Arturo Limón D.
G. Arturo Limón D. Miembro del Cuerpo académico de Sustentabilidad UNAM, y Miembro de la Comisión de Educación en Mesoamérica de la UICN. Profesor investigador de la Universidad Pedagógica Nacional de Chihuahua UPNECH

William K. Boone. 20 de Mayo de 2014 09:39

La foto subtitulada “Ocupación de Veracruz, 21 de abril de 1914” es un lamentable error histórico. Ver https://es.wikipedia.org/wiki/Ocupaci%C3%B3n_estadounidense_de_Veracruz_de_1914#El_mito_de_los_.2244_barcos.22

Agregar comentario