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Orientación educativa

Sentido Común

Hernán Sorhuet Gelós


El agro y el cambio climático

Aunque nos hemos acostumbrado a hablar de “fracaso” como resultado general de lo ocurrido en las últimas grandes cumbres de Naciones Unidas en materia ambiental —debido a la falta de compromisos significativos— en absoluto le resta importancia a su realización.

En las últimas semanas de este año se llevará a cabo la convención sobre Cambio Climático (COP 19) en la capital de Polonia.

Uno de los temas importantes en los que se seguirá avanzando es en lograr acuerdos que ayuden a minimizar la influencia que tiene la actividad agropecuaria mundial en el cambio climático.

Resulta obvio decir lo decisivo que este enfoque puede resultar para las economías y el desarrollo de los países latinoamericanos. Recordemos que el factor clave de la productividad agropecuaria siguen siendo la interacción del suelo, el clima, las plantas, los animales y los seres humanos.

El Panel Intergubernamental de Cambio Climático (IPCC), con la autoridad que le confiere ser la mayor organización de científicos del mundo especializados en estos temas —y que trabaja de forma independiente— prevé que en el correr de este siglo la productividad agrícola caerá hasta un 30 por ciento.

Los países más pobres serán los más afectados por tener menor disponibilidad de agua y un bajísimo acceso al conocimiento de vanguardia en lo general, y a las tecnologías más útiles en lo particular.

No es necesario recurrir a más datos y análisis de la situación actual para comprender el terrible impacto negativo que este fenómeno probablemente tenga en la humanidad.

En la COP 18, desarrollada el año pasado en Doha, no se logró conformar un plan de trabajo en el área de la producción agropecuaria, porque varios países se opusieron a la adopción de medidas de mitigación (reducción de emisiones de gases de invernadero) y de adaptación al cambio climático en este sector.

Para nuestros países en particular las medidas de adaptación son fundamentales porque determinan la capacidad que logremos desarrollar para enfrentar los efectos perjudiciales sobre los sistemas naturales y los humanos, que nos imponga el calentamiento global, así como otros efectos del cambio climático.

Nos preparan para esperar de la mejor manera posible lo que el comportamiento climático provoque en la región. Disponer de buenas medidas de adaptación significa estar preparados por la contingencia.

Hay países que sólo admiten negociar medidas de mitigación en el área de las actividades agropecuarias y el cambio climático. Otros que impulsan las de adaptación. Y existe un tercer grupo, en el cual se encuentra Uruguay, que está de acuerdo con discutir tanto estrategias de mitigación como de adaptación, porque el fenómeno es uno solo, integral e indisoluble, y sería poco inteligente cercenarlo artificialmente en el intento de defender algunos intereses sectoriales.

Debemos aprovechar que el tema de la agricultura y el cambio climático se debatirá en el Órgano Subsidiario Científico y Tecnológico de la Convención, durante su próxima reunión de junio.

Quizás se apruebe un programa de trabajo que permita avanzar en esa dirección, y llegar a la cumbre de Varsovia con mayores expectativas.

Columna publicada en El país de Montevideo, 27.3.2013

Hernán Sorhuet Gelós
Destacado conferencista y escritor uruguayo. Educador, comunicólogo y periodista ambiental. En su vasta obra de libros de Educación Ambiental para niños, incluye temas como el cambio climático, la biodiversidad y los residuos sólidos.

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