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Orientación educativa

Extramuros

Ariadne Sahori Martínez Pacheco


Un charco inútil, una puesta en escena para sobrevivir desde la locura

Soy de la ferviente creencia de que en el planeta Tierra, existen seres humanos que sin duda alguna saben “algo” que el resto de los comunes mortales desconocemos, ignoramos o simplemente pasamos por alto.

Quizá ese “algo” —llámese talento, genialidad, arte, sensibilidad, percepción, perspicacia, capacidad de asombro, sabiduría, don místico otorgado por los dioses del Olimpo, clarividencia, o ver más allá de lo que ves—, sea nomás cuestión de pelar bien el ojo y observar detalladamente para luego analizar, reflexionar y concluir, o no; quizá uno deba ser de veras excepcional y vivir en un nivel de conciencia superior, o sólo sea mero sentido común híper desarrollado innato.

Regresando al planteamiento de que unos sí saben y otros no, he de afirmar que los que sí, son capaces de crear extraordinarias obras maestras que resultan ser casi imposibles de soportar… Y David Desola, ¡Lo-sabe-lo-sabe! (Léase en tono de la canción “La Boa” de “La Sonora Dinamita)

Si hay algo que admiro en un dramaturgo es su enorme habilidad de criticar a la sociedad tanto particular como universal, y aún más que lo haga valiéndose del más chulo e irreverente sentido del humor. Y este catalán posee tremenda facultad.

“Un Charco Inútil” es el nombre de la puesta en escena que las alegres niñas de mis ojos tuvieron la fortuna de disfrutar el pasado Martes a las 8 de la noche en la Sala Xavier Villaurrutia en el Centro Cultural del Bosque bajo la dirección de Carlos Corona.

Obra que pertenece al ciclo “Jóvenes al Teatro” y esto significa que la entrada para estudiantes de Secundaria es totalmente gratis y el precio para el resto del público es nada más y nada menos que de CUARENTA Y CINCO PESOTES.

Desde que uno se sienta, uno se siente invadido por una atmósfera realmente inquietante: a nivel de proscenio (parte del escenario más inmediato al público) hay una especie de tierra arenosa y en la parte trasera una banca que bien podemos encontrar en cualquier parque.

La escenografía es un hermoso cuadro que contiene pocos objetos en volumen y el resto responde a dibujos estéticamente plasmados con tiza blanca en una especie de pizarrón negro.

Los diálogos comienzan a engancharte desde las primeras palabras pronunciadas por los actores. Es de esas obras en las que lamentas el mundano y molesto reflejo natural y biológico de pestañear.

De pronto aparece una dirección que hace alusión a que la historia se desarrolla en España: “Calle de Atocha” y es así como comienzas a sospechar de lo que pronto te aclararán. Y en efecto, estamos hablando de un contexto social español en el que se vivió un atentado terrorista a los andenes de la estación de Atocha el día 11 de Marzo del 2004. Un atentado de índole político, mediático que se sirvió del dolor ajeno y los rostros de las víctimas para sus propios fines.

A esto le sumamos el atroz evento de un video difundido por las cadenas televisivas de España en el que aparece un profesor agredido por un alumno en los pasillos de una escuela. Y digo atroz porque las cadenas televisivas comerciaron entre ellas, manipulando las imágenes haciendo de esto un espectáculo circense como lo describe el mismo David Desola.

“Un Charco Inútil” —y ni tan inútil—, nos plantea la locura y el crear una fantasía, como vías de sobrevivencia, es decir: realidades alternas, la existencia de personajes inexistentes pero más presentes que los racionalmente presentes, ausencias, carencias, relaciones amorosas, osadías que refugian en su misma demencia la posibilidad de vivir otro día y alcanzar lo más parecido que se pueda a la felicidad.

—…Escuché la última parte del dictado, “Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”; así son mis veranos.
—Y yo maestro, ¿qué soy, una metáfora, una paradoja o una personificación?

Una puesta en escena que saca a flote lo irracional de nuestra sociedad, lo absurdo de la racionalidad, el entretenimiento al que se ven sometidos los acontecimientos diarios gracias a la intervención de los medios de comunicación de una “sociedad enferma”, seres que están sin parecerlo y viceversa, una chula demostración de cómo diseccionar sujeto, verbo y predicado a las oraciones muertas, o mejor conocido como: Análisis sintáctico, citas y enseñanza de Ortografía con “Platero y yo” de Juan Ramón Jiménez, la bella melodía de la música original por parte de Leonardo Soqui; en fin, una obra crítica, divertida, reflexiva y totalmente trasladable a la realidad mexicana y universal.

Vale la pena hacerse un huequito e ir a abandonarse a la locura de esta puesta en escena, mandar harto lejos las obligaciones y disfrutar del bello mundo que el teatro ofrece, ¡Faltaba más! 

“Un charco Inútil” se presenta:
Lunes y Martes a las 20:00 hrs.
Sala Xavier Villaurrutia
Centro Cultural del Bosque
Reforma y Campo Marte s/n
Metro Auditorio.
HASTA EL 30 DE ABRIL DEL 2013.

Ariadne Sahori Martínez Pacheco
Estudiante de la licenciatura en Comunicación de la Universidad Anáhuac

Alma Torices. 26 de Abril de 2013 00:21

Excelente texto, me gusta tu estilo porque me invitas al teatro. Ví esta puesta en escena por tu nota. Acuerdo contigo pero me faltan los nombres de los actores; ciertamente es muy importante resaltar el trabajo de los que no se ven y sin ellos no se logran estos resultados, pero omitir el nombre que se ha labrado con más de quince años en la escena me parece una falta de respeto, así que me atrevo a escribirlos: Tomás Rojas (recientemente lo vimos en “A prueba de fuego” dirigido por Mauricio Jiménez), Úrsula Pruneda, Miguel Flores y Assira Abbate. Todos importantes pues sin esas intervenciones ocasionales no saltaríamos de nuestros lugares ni nos quedaríamos sin aliento. Ahí el trabajo del director que le da un toque de humor y suspenso dosificando las escenas y la interpretación. Una gran puesta. Gracias por hablar de ella.

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