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Sala de Maestros

Maestros en la historia


Entrevista desde Indonesia al exponente peruano de Coplas, Haikus y Décimas, poeta José Luis Mejía.

La inspiración trasciende al género

La poesía adquiere un nuevo rumbo con el avance tecnológico. Esto ha marcado el renacer de la figura del poeta, quien adapta su creatividad a las nuevas plataformas. Coplas, Haikus y Décimas se hacen virables en Twitter. En Perú, ya se realizó la primera lectura de poesía empleando Skype, que conectó Lima e Indonesia.

José Luis Mejía, poeta peruano de trayectoria, cuenta la fascinante aventura que emprendió con otros amigos poetas y que lo ha llevado a entender que no hay pretexto para dejar de escribir y sentir por más cambios que el mundo tenga.

¿A qué edad descubriste tu inclinación por la poesía?

En la mesa familiar, cuando mi padre nos recitaba o leía poemas. Durante muchos años tomamos desayuno junto, luego fueron solo los almuerzos dominicales, pero la poesía jamás dejó de leerse en mi casa. No era raro escuchar a mis padres conversando y, de repente, él salía con un poema que venía al caso o sencillamente uno de amor para mi mamá.

Después lo demás vino como lógica consecuencia; me volví lector de poemas (romances, sonetos, décimas, poesía clásica, tanto la llamada académica como la popular). De Quevedo a Hernández, de Duque de Rivas a Chocano, de Vallejo a Neruda, anduve toda mi juventud leyendo poesía y así, como una necesidad, empecé a escribirla.

¿Por qué escribir Coplas y Haikus? ¿Cómo ha influido Twitter en ello?

Las primeras poesías que escribí en mi adolescencia (ignorante aún de las formas clásicas) fueron unos engendros sin métrica ni ritmo, pero obsesionados por la rima, que era lo único que a los trece años creía entender. Luego (yendo a contra corriente del versolibrismo y la llamada poesía coloquial) empecé a aprender las estructuras de la poesía tradicional.

Los sonetos llegaron a mí con Quevedo y se acentuaron con Chocano, ya con Borges aprendí (y me enamoré) del isabelino con su dístico final, con esos cierres geniales (los de Borges, no los míos). Luego exploré las muchas formas del soneto y anduve también por las coplas, las décimas y los romances. Un día (hace ya más de veinte años) conocí a Alfonso Cisneros, Fonchín, y de él (y gracias a él) aprendí a gozar de los haikus (y empecé a escribirlos).

Mi relación con Twitter nace del trabajo previo que realicé para poder escribir mí novela ‘¿Hay alguien allí?’ (Alfaguara, Lima, 2010). Dispuesto a conocer más de ese mundo, abrí la cuenta “@jlmejia”:@jlmejia y empecé a relacionarme con la gente que iba encontrando.

Para entonces, ya había publicado poemas en “mi página web”:mi página web y en algunos blogs (“http://www.elentrometido.com/”:http://www.elentrometido.com/) y, más tarde, empecé a hacerlo en Facebook, así que lo de Twitter fue resultado de toda una experiencia previa en Internet. En un principio, hallé que (por sus dimensiones), el haiku se adaptaba muy bien al límite de los 140 caracteres.

Sin embargo, noté que se perdía mucho de la contemplación inherente a esta estrofa en un medio que vive en la vorágine del momento, eso y mi aprecio especial por el octosílabo, me llevó a las coplas, que tanto me divierten y en cuyas formas me siento más libre para ser unos días reflexivo, otros cínico, otros coloquial y otros ceremonioso; siento que su flexibilidad se acomoda mucho más al mundo de Twitter y al de Facebook, donde pasa todo y de todo y muy rápido.

¿Cómo así se realizó la lectura poética del ICPNA? Cómo se trabajó la idea y la propuesta.

La lectura del ICPNA, de hace unos meses, nace de la pasión y entusiasmo de Zejo (“@elzejo”:elzejo), y de la serenidad y persistencia de Benjamín (“Benjaedwards”:@Benjaedwards). La idea la trabajamos de manera virtual, primero a través de correos electrónicos y luego, cuando ya se iba poniendo a punto, utilizando Skype.

Ir armando la idea fue una experiencia muy divertida, mucho más en mi caso, porque estuve acompañado de dos personas que entienden muy bien el tema de las comunicaciones y que pusieron toda la voluntad para superar las limitaciones naturales de la distancia (geográfica y horaria, con sus 18,000 kilómetros y doce horas de diferencia).

En esta primera intervención hicimos uso de todas las posibilidades virtuales que teníamos al alcance (Twitter, Facebook y Skype) teniendo en consideración las dificultades técnicas para conectarse. Se trató de un primer intento de conferencia interactiva que caminó muy bien y nos dio muchas ideas para el futuro.

En el recital se ironizó acerca de la relevancia de las musas en la actualidad. ¿Existen las musas?

Las musas, tal y como las concibieron los griegos, no existen (lo que no deja de ser una pena) pero sí la musa personal (o musas, que no es restrictivo, ni yo soy quién para limitarle las musas a nadie), la que inspira a cualquiera que se lanza a la tarea de crear, al artista. La palabra ha dejado su sentido mágico y se ha transformado en algo tangible, que está a nuestro lado (o que deseamos que esté) y que nos sirve de razón, de excusa y aliciente para seguir insistiendo. Pareciera que existe un tufillo machista en todo esto, pero deriva del hecho de tener en un escenario a tres hombres hablando de las mujeres que los inspiran, solo de eso nos declaramos culpables.

La inspiración, a fin de cuentas, trasciende al género, y las musas (cuya relevancia es absoluta, ya sea por su existencia o por el anhelo de su existencia) existen para cada quien como a cada quien le vengan mejor. Aunque las musas de la mitología griega eran mujeres, en estos tiempos de justa igualdad entre los géneros, muchas artistas y creadoras tienen también sus “musos” y por ellos o para ellos escriben, pintan y componen canciones. ¿Son indispensables las musas? En un sentido amplio y moderno, pensándolas como “la razón por la que escribimos”, creo que sí, ya sea que se trate de una mujer o de una idea, de algo tangible o de una entelequia.

¿Fue difícil realizar el recital estando en Yakarta-Indonesia?

Fue trabajoso, pero no difícil. Todas las coordinaciones funcionaron muy bien, los técnicos del ICPNA y las personas a cargo realizaron un trabajo impecable y la comunicación fue limpia y continua. La forma en que se planteó el escenario, incluyendo un sitio para el ausente (que gracias a Internet estaba allí), permitió una puesta en escena creíble que, como en el teatro, consiguió, a nuestro entender, la indispensable “suspensión de la incredulidad” que hizo al público sentirse como si realmente se tratara de una conversación entre tres amigos que se toman una copa y conversan de las que cosas que les interesan.

Siempre está el tema del horario y hubo que hacer algunos ajustes para que yo pudiera participar de la noche limeña cuando acá, en Yakarta, el sol resplandecía, pero todo se solucionó eficientemente. Los conocimientos de Zejo y de Benjamín hicieron posible superar todas las dificultades de manera sencilla y rápida. En lo personal, ya tenía alguna experiencia con este tipo de enlaces con el Perú puesto que así he podido hacer “visitas virtuales” a colegios en los que leen mis libros, y eso también nos ayudó.

¿Volverás a llevar otro recital en conjunto y del mismo tipo?

Este fue solo el comienzo
—que hay mucho por conversar—,
volveremos a juntarnos,
para bien o para mal.

Espérennos que muy pronto
podrán ver a José Luis
charlando de esto y aquello
con Zejo y con Benjamín.

Usaremos Tuiter, Féisbuk,
Eskaip —y lo que se antoje—
contra distancias, horarios,
contra el silencio y su noche.

Publicado en La República de Perú el Martes, 19 de marzo de 2013 | 2:45 pm
jesús caballero. 01 de Abril de 2013 20:15

¿qué pasó? Xss

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