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LA CLASE

Educación Ambiental

Nancy V. Benítez Esquivel


Discurso a la XI Generación de la Maestría en Educación Ambiental

Estimados integrantes del presídium

Estimados integrantes de la XI Generación de la Maestría en Educación Ambiental

Profesores y profesoras, estudiantes y amable público que nos acompaña:

¡Qué importante poder reunirnos esta mañana para celebrar! ¿No les parece? Mire cada uno a su alrededor, recuerde cada quién que venimos a compartir la alegría y que por eso estamos juntos. Sí, la civilización está en crisis, el país está en crisis, la educación está en crisis, las instituciones están en crisis, el magisterio y la escuela están en crisis… el plantea está en crisis. Ya lo sabemos, y el saberlo puede agudizar nuestros sentidos y ponernos en alerta aunque no sepamos muy bien para qué, de quién debemos defendernos ni qué podemos esperar. También puede saturarnos, después de todo se complica cada vez la intención de descifrar los signos de los tiempos, los mensajes políticos, los mensajes de los medios, las mejores ofertas, los engaños del mercado… De acuerdo, hay una compleja crisis, tan perenne que parece perder su atributo de ser transitoria y de ser para avanzar. Parece más un discurso para controlar a la sociedad a través del desaliento y por lo mismo no podemos quedarnos en él.

El mundo está muy revuelto, y de acuerdo a la filosofía oriental (idea que recuerdo por la 2ª película de Karate kid) lo que necesitamos es volver a lo básico. Como humanidad, como país, pero especialmente como comunidades, como personas.

Volver a lo básico es saber que somos seres vivos, recordar que el diseño genético que heredamos tiene miles de años perfeccionándose y que ante ese gran proceso, la incertidumbre momentánea, la ansiedad que nos impulsa a buscar satisfactores sin tener claras las necesidades, es algo efímero y superficial. La magnitud de la evolución de la vida no ha terminado y somos parte de ese proceso, muy largo y muy lento. Y maravilloso, contradictorio y complejo, pero maravilloso.

Volver a lo básico en educación es reconocernos humanos y acompañarnos en el camino de la humanidad. A los adultos y profesores nos toca acompañar a los más jóvenes, enseñar a vivir, compartir la vida, lo que hemos aprendido de ella. La información, la preparación, tantas lecturas, pueden apoyarnos en ello, pero si nos estorban, si nos esclavizan, si nos aíslan, si nos amargan hagámoslas a un lado. Por el tiempo necesario.

La educación ambiental surge de esta necesidad y del ejercicio de reconocer que, como humanidad, somos seres vivos, somos parte de ecosistemas y, ahora se asume, conformamos diversas comunidades, diversas culturas. La educación ambiental tiene que ser un recurso para la labor educativa de hacer humanidad, no una carga, no un campo al cual tenemos que pertenecer y merecer su reconocimiento. Mejor un campo para jugar y crecer, que exprese lo mejor que cada quien puede hacer en su compromiso cotidiano.

No hay una sola verdad.

No hay una sola forma de hacer las cosas.

No hay una forma única y correcta de pensar ni de ser docente o educador ambiental.

Lo mejor saldrá de la comprensión del entorno y las personas con quienes estamos, del compromiso y la responsabilidad que en nuestras comunidades asumimos y del cariño con que acometamos las tareas. Muy al estilo freireano.

Volver a lo básico es elegir aquellas batallas que vale la pena librar. Cada día es distinto.

Volver a lo básico tiene que ser la esencia de la revolución que viene y el sentido de la resistencia y la esperanza.

Volver a lo básico es más sencillo de lo que parece. Es hacer una pausa cada día para sentirnos sencillamente vivos.

Aprendamos a hacer pausas en el gran ruido de muchas prosas implicadas y volvamos a la poesía de lo básico, a la serenidad, en términos de Edgar Morin.

Lo básico en esta ceremonia es celebrar juntos, compartir la alegría y desearle mucho éxito a los compañeros y compañeras que hoy cierran una parte del ciclo de su formación como educadores ambientales. Deseo que se lleven nuestra confianza y no sólo nuestra exigencia. Que sean personas felices de caminar en ese vaivén de poesía y prosa, de la intensidad a la serenidad como propone Edgar Morin. Que la obtención del grado sea una motivación para comprender y aprender, no sólo un requisito que cumplir. Obtengan su grado, no lleven a cuestas una frustración creciente de un ciclo sin concluir, sino un escalón para mirar más lejos. El Maestro Oswaldo Escobar Uribe es un gran ejemplo de la constancia en la elaboración de la tesis y en la obtención del grado, por supuesto además de ser un profesor comprometido, alegre y entrañable amigo.

Gracias por la confianza que han depositado en este programa académico, en la Unidad 095 Azcapotzalco. Su presencia es un reto que nos impulsa a reflexionar y a crecer.

Gracias a mis compañeros profesores, su pasión es el sostén y sustento de una Maestría que enfrenta muchas adversidades y que se concreta en la docencia, pero no se restringe a ella.

El Maestro Adalberto Rangel Ruiz de la Peña lamenta no poder estar con nosotros en esta ceremonia, dado que asuntos personales muy difíciles se lo impiden, sin embargo le enviamos nuestro saludo y agradecimiento porque ha sido un aliado solitario de este programa al interior de la Universidad. Le saludamos desde aquí.

Sólo resta agradecer su presencia y refrendar el compromiso de la Unidad de que pase lo que pase en este contexto de incertidumbre, a quienes la integramos nos guiará el compromiso de educar para transformar.

¡Felicidades!

Nancy V. Benítez Esquivel
Maestra, poeta y educadora ambiental

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