Hombre_y_neblina_1
Sala de Maestros




Representaciones de foto con micro-relatos

Entre la búsqueda y las tinieblas

Fernanda Cappon Bonder

En una época de un tiempo muy atrás, encontramos a Pedro un hombre solitario que vivía en un pueblo en donde no se encontraba con el mismo. Tenía problemas para socializar con la gente del pueblo, por lo tanto no tenía amigos y en el trabajo se sentía miserable. En cuanto a su vida amorosa no encontraba mujer que le llenara de felicidad.

Un día caminando entre la nieve de un invierno particularmente crudo, para ir a trabajar, se da cuenta que con el que no está feliz es con su persona y su estilo de vida En ese momento se regresa a su casa dejando el trabajo y decide empacar lo necesario.

Su idea era irse a un lugar en donde se encontrara consigo mismo y encajara, por fin, en algún lugar; lo que buscaba era su felicidad.

Pedro se adentra al bosque en donde no siente miedo por lo contrario se siente conectado con el ambiente. Pedro decide divagar por entre los árboles, en donde había mucha niebla; es ahí donde compara el ambiente y su manera de sentir.

Pedro camina durante horas en medio de la niebla hasta que, poco a poco, se da cuenta que si había en el rasgos de felicidad, pero que no se había dado cuenta, hasta cuando perdió todo intento de buscar la y sostener a la escurridiza felicidad.

Dolor por siempre

Diego Novelo

Un día no sé qué sucedió, sentí ansiedad, me aburrí y como un tsunami sin avisar, me acomodé la corbata, me abroché el pantalón y la dejé, me enamoré de otra mujer, la amaba como debe amar el cielo a las estrellas y no tenía nada en común con aquella otra, de la que me alejaba.

Aquella otra un día me confesó tiempo atrás, que tenía miedo de ser abandonada por la gente que más amaba; yo prometí nunca hacerlo, y aun así lo hice, me fui, corrí y sin mirar atrás desaparecí, me prometí nunca más mirarle a la cara, pues no sería capaz de sentir su mirada llena de odio por lo que le había ocasionado.

Un día no sé qué sucedió, lloré, esperé y nada sucedió. Me dejaron tal cuál como lo hice yo una vez. No cabe duda que el dolor que un día ocasioné, regreso por mí, nunca me dejo de perseguir, y hoy pido perdón por lo que realice en mi pasado.

Un balazo

Michelle Montemayor

Había una vez un hombre llamado Konstantin, hijo de Arkanina, una actriz reconocida pero a punto de retirarse de Moscú en 1890. Konstantin quería hacerse escritor, pero no le iba muy bien. Decidió que posiblemente sea buena idea irse a la casa de campo de su tío, Sorin, hermano mayor de su mamá, para “inspirarse” y para hacerle compañía, ya que al tío no le gusta la vida en el campo pero el estrés de la ciudad le enferma. Es una casa formidable a las afueras de Moscú, en un bosque con un lago cerca. Todos los días, agarraba su rifle y le tiraba a las gaviotas en el lago, para ver si un balazo podría detonar en él también la inspiración.

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