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LA CLASE

Tema del mes

Nicanor Reyes Carrillo


Un cuento de Navidad oaxaqueño.

Pon atención muchacho, a este cuento tan cortito,
Dura lo que un apapacho, dura lo que un suspirito,
Toma unos chocolates y panela bien maciza,
Mira muy bien a tus cuates, que no les gane la risa,
Les gustará pequeñines, tanto como un juguete
Más creo que los chapulines, similar a los sorbetes.

Cuenta la leyenda que en un lejano pueblo de Oaxaca existieron dos hombres sumamente competitivos, amigos como pocos se han visto, también buenos trabajadores y con gustos similares, pasaron su juventud y madurez en el mismo barrio, vendiendo dulces, confiterías a los niños de la localidad, eran tan famosos por su mercancía como por la variedad.

Vendían dulces de coco,
chocolates con mezcal,
doraditas de plátano,
jalea de capulín real.

Agüitas de guanábana,
alebrijes de melaza,
barrita de guayabita
cuchillitos de vainilla.

Chicle sabor tamarindo,
sumidas de chicozapote
balazos de mango agrio,
gallinitas de chilate.

Bolsitas de chapulines,
ollitas de tejocote,
espolvoreadas de pinole,
cristales de tecolote.

Y gusguerías sinfín,
que dejarían boquiabierto,
desde un serafín
al monarca más correcto.

Cada uno de los amigos construyó su casa muy cerca del otro, lo único que los dividía era una calle, tan estrecha como seis pasos de un perro correlón, al momento de empezar la construcción uno de ellos se dijo así mismo que no estaría bien copiar la manera de construir del otro, Julián pinto de blanco sus piso, de negro lo pinto José. Los remates de las puertas blancas eran para uno y negro para el otro. Cada ladrillo a la izquierda tenía su derecha en frente, si un piso subía de nivel el otro también lo hacía, los interiores, los muebles, las losetas, los adornos, las macetas, corredores, pasillos, mascotas, canceles, buhardillas, velas, altares, cuadros, libreros, cerrojos, llaves, en todo contrarios decían que eran, pero solo el color los diferenciaba.

Los vecinos se asombraban
y al mismo tiempo reían,
pues al querer ser distintos
cada vez más se parecían.

Desde varias leguas alrededor las dos torres se asomaban, tan altas que sólo la iglesia competía en altura pero no en arquitectura, algo se rompió en los hombres cuando viejos ya estaban, la alegría se hizo silencio, y se paró la construcción. Durante su juventud se enamoraron y ambos tuvieron esposas hermosas; una tenía pelo claro, la otra pelo azabache, una de la costa chica, la otra de la costa grande.

Julián crió una hermosa niña
y José un bello varón,
que crecieron o se vieron en las puertas,
detrás de los anaqueles,
jugaron entre el azúcar,
frutas, y blancos manteles.

Pues resulta que el silencio dejó a los niños lejanos, los viejos no se acordaban de los pormenores de la separación, tal vez su sed de ganar los dejó secos de amor, los alejo de la vida, del placer de la tertulia, las esposas alzaban los hombros y reían a hurtadillas.

Tonterías que a veces pasan
entre los seres humanos,
que dejan de ser hermanos
sin una causa objetiva.

Se murieron los ancianos, hubo grandes funerales, uno tuvo lloronas blancas, de negro vistieron las otras, solo en los ataúdes no pudieron diferenciarse, el gris cubrió a los dos junto con los alcatraces, margaritas, flanboyanes, racimos de primaveras, yuca, hojas de aguacate, los asistentes tomaron sendas jícaras de chocolate, chileatole y mezcal para que nadie diga que no fueron al entierro de los grandes comerciantes.

Los tamales de amarillo
Chipilín o mole negro,
en las manos circuló
junto a bolas de quesillo,
tronaron ya las tlayudas
con tasajo y asiento;
todos pidieron bebidas
hubo música de viento.

Dios nunca muere se tocó
Como la tradición marca
tristes por lo acontecido
pero llenos de la panza.
Una taza de café juntos
al final todos tomaron,
recordando a los difuntos
decían que buenos fueron.

Pero que pasó con los muchachos se preguntarán ustedes, pues resulta que la naturaleza los dejó en una orilla, uno frente a otro con una responsabilidad, seguir haciendo los dulces, y mantener a sus mamás. Cada noche subía ella a su bella habitación, y abría su ventana para salir al balcón. Él con un gran suspiro también hacía lo propio…sentía siempre que le latía el corazón.

Ambos sabían que en la ventana
de enfrente había algo bello,
estaba la tentación, la manzana
que comer no era de ellos.

Pero esta posición los hacía
tener una gran inspiración,
para crear con sus manos día
a día mil mazapanes, alfajor,
galletas, pasteles, gomitas,
rellenos, de atrayente olor .

Ninguno de los dos se atrevía a mirar durante el día, la tienda de la otra orilla, donde estaba la persona que en la noche suspirar los hacía. Pues las ancianas se dieron cuenta de la triste situación y en la noche de los rábanos dijeron habrá una solución. Les dijeron que un viaje al puerto de Huatulco harían los dos.

Y que durante la celebración
tendrían que estar en la bahía,
de la Entrega dando las diez el reloj;
que era una encomienda sagrada
de los padres difuntos de ambos.

Y paso lo esperado con nuestros jóvenes personajes, ella vestía de blanco, con su pelo recogido por grandes flores marinas, un tocado de tehuana y un perfume arrobador. El vestía su guayabera, negra era su color, también de una tela muy fresca era su pantalón, llevaba su verduguillo de plata y en el cinto un machete como se estila en la ocasión.

Los dos no esperaban
Verse de pronto en esa posición,
la emoción los embargaba;
tuvieron que terminar la misión.
Leyeron las mentadas cartas,
rábanos con sal comieron,
también llevaban limón,
al final hubo solo miradas.

Tres noches antes del veinticuatro regresaron a sus casas, y pidieron cada uno que la boda se celebrará, las abuelas se hicieron las locas cuestionando el arrebato, pues como iban a casarse si nunca hubo noviazgo. Y gritos se oyeron en las casas cuando los nombres dijeron de su respectivo amor ¿cómo pedían casarse?, si sus padres aún vivieran en cólera montarían.

Pero que se le va hacer
dijeron las dos familias,
jóvenes esposos iban a ser
aunque fuera a hurtadillas.
Si existiera negativa de sus madres,
se fugarían de todos modos…
así concluyeron los dos a la vez
y no dejarían de estar juntos.

La boda se celebró junto con la noche buena y para la navidad esposos estos ya eran. Las familias se juntaron, las cosas fueron mejor, pero esta ocasión no cambió la construcción de las casas, solo escaleras y puentes unieron ambas viviendas, además de pisos nuevos también había amplias puertas. Y el primer nieto en honor a sus abuelos se llamó José Julián, se acabaron las rencillas, mejores dulces se hicieron además de mazapán.

Y colorín colorado
este cuento ha terminado,
una mezcal se destapó
y la tapa en un pie ha quedado
al grado que su fama paso fronteras , lugares tan lejanos como diversos. lo interesante era que la vida de cada uno de estos se construyo con base a lo que hacía el otro, cada acción, compra o construcción

Nicanor Reyes Carrillo
Estudiante de la Maestría en Educación Ambiental, X Generación.

KARMN. 26 de Diciembre de 2015 00:34

Que cuento tan suculento, mi memoria infantil recobro estos dulces ,tlayudas…“mazapanes, alfajor, galletas, pasteles, gomitas,rellenos”.

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