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LA CLASE

Tema del mes

Andrés Neuman


Una rama más alta (Cuento)

El pequeño Arístides acaba de levantarse. Avanza por el pasillo. Las sombras de la casa le tienden emboscadas. Pero esta vez nada va a detenerlo. No esta noche. El pequeño Arístides tiene una misión. Hace unos instantes, boca arriba en su cama, con los ojos muy abiertos, ha oído ruidos sospechosos. Ruidos de pasos, de murmullos, de cajas. Resoplidos profundos, de camello.

Irrumpe en la sala con los pies descalzos y el pulso galopante. Ha entrado de golpe, sin pensarlo, para no arrepentirse a medio camino. Pero en la sala no hay nadie. Solo el árbol enredado entre lianas de luces.El árbol con las ramas ligeramente temblorosas, como si una ráfaga de viento acabara de sacudirlas. Al pie del tronco, frutos caídos, destellan los paquetes.

Antes de abalanzarse sobre ellos, el pequeño Arístides se detiene a medir su estatura frente al árbol navideño. Acerca la nariz a la punta de una rama, se toca la coronilla con la palma de una mano. El año anterior, por esas mismas fechas, su cabeza alcanzaba una rama más baja.

El pequeño Arístides se lanza al suelo y remueve paquetes. Hay varios con su nombre, pero él busca uno y solo ese. No le cuesta reconocerlo. Es un paquete grande y alargado. Respira hondo, mira hacia el pasillo. En las habitaciones del fondo tintinea el silencio. El pequeño Arístides desgarra ansiosamente el envoltorio, como un depredador que despelleja su presa. La caja le resulta más liviana de lo previsto. Enseguida comprueba que no se ha equivocado. Es eso, eso, eso.

Sostiene el regalo que tanto había deseado. Lo eleva ante sus ojos. Es exacto, el mismo. Al fin lo tiene. El pequeño Arístides intenta que le venga alguna lágrima. Que se le erice la pelusa de la nuca. Que le entre un cosquilleo en el estómago. Que se le haga un nudo en la garganta, algo. Pero más bien le parece que no siente nada. Nada, salvo un cierto peso entre los brazos.

Piensa confusamente. Devuelve la caja al suelo. Trata de reconstruir el envoltorio. Y con el perfil iluminado, de rojo a verde, de verde a rojo, el pequeño Arístides obtiene la primera gran conclusión de su vida.

Tomado del libro Andrés Neuman Hacerse el muerto. México, Páginas de espuma, 201. Una variante de este cuento se encuentra publicado en: http://www.milenio.com/cdb/doc/impreso/9083964

Andrés Neuman
(1977) nació y pasó su infancia en Buenos Aires. Hijo de músicos argentinos emigrados, terminó de criarse en Granada, en cuya universidad fue profesor de literatura hispanoamericana. A los 22 años publicó su primera novela, Bariloche (Anagrama, 1999, reeditada en bolsillo en 2008), que fue Finalista del Premio Herralde y elegida entre las revelaciones del año por El Cultural. Sus siguientes novelas fueron La vida en las ventanas (Espasa, 2002), la autoficción familiar Una vez Argentina (Anagrama, 2003, nuevamente Finalista del Premio Herralde) y El viajero del siglo (Alfaguara, 2009), que obtuvo el Premio Alfaguara, el Premio Tormenta y el Premio de la Crítica, otorgado por la Asociación Española de Críticos Literarios. Esta novela fue votada entre las 5 mejores del año por los críticos de El País y El Mundo; fue seleccionada entre los libros del año por The Guardian, The Independent, Financial Times y por los diarios holandeses NRC Handelsblad y De Volkskrant; y quedó finalista del Premio Rómulo Gallegos. Su novela más reciente es Hablar solos (Alfaguara, 2012). Es también autor de los libros de cuentos El que espera (Anagrama, 2000), El último minuto (Espasa, 2001, reeditado por Páginas de Espuma, 2007), Alumbramiento (Páginas de Espuma, 2006) y Hacerse el muerto (Páginas de Espuma, 2011). El volumen El fin de la lectura (Estruendomudo, Lima, 2011; y Cuneta, Santiago de Chile, 2011) recopila una selección de sus relatos. Neuman ha desarrollado una intensa labor de estudio y divulgación de la narrativa breve. Sus libros de cuentos incluyen apéndices teóricos sobre el género y es el coordinador de Pequeñas Resistencias, serie de antologías sobre el cuento actual en español (Páginas de Espuma, 2002-2010). Cabe destacar además su prólogo a los Cuentos de amor de locura y de muerte, de Horacio Quiroga (Menoscuarto, 2004).

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