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LA CLASE

Tema del mes

Lorena Martínez González


Pasiones que matan: A la memoria de los defensores ambientales mexicanos caídos en lucha

“No mire ahora hay que andarse con mucho cuidado,
pus ora por la riqueza de nuestras tierras hasta nos matan.
la propiedad de la tierra está encendiendo pasiones”
.
(comunero del municipio de Cherán, Michoacán)

Una de las más arraigadas y bellas tradiciones que aún subsisten en nuestro país es la colocación del altar de Día de Muertos con el cual, al recordar a nuestros difuntos, les devolvemos su rostro y su nombre; poniendo sus retratos y ofreciéndoles los guisos que tanto les gustaban, al tiempo que les acompañamos con nuestros pensamientos, y a veces incluso con nuestros rezos. Tal vez por eso no nos resulta ni lejana ni ajena la invitación de Javier Sicilia, del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, cuando en su implacable denuncia, por la muerte de miles de personas asesinadas durante el sangriento gobierno de Felipe Calderón nos conmina:

“…resulta imposible recuperar a las víctimas de la violencia, pero la comunidad que las sobrevive puede darle presencia y aliviarse a sí misma a través de la memoria… no habrá suficiente justicia para nuestros muertos si no recuperamos sus nombres y sus historias”.

Tarea urgente la de rescatar los nombres de hombres y mujeres que cayeron muertos en defensa de sus tierras, tierras heredadas de sus ancestros, las tierras de sus hijos, y las de los hijos de sus hijos. Enorme el reto de iniciar el listado y, como modesto homenaje, levantarles un altar en blanco y negro para que nadie desaparezca de nuestra memoria, para que nadie quede en el olvido (pasa a verlo al final de este apartado).

Sus historias y sus rostros

Detrás de cada uno de los nombres de este altar existieron hombres y mujeres de carne y hueso, de enorme calidad humana y con un profundo compromiso con las causas que defendieron, mismas que los llevaron a confrontarse al poder de los más fuertes y con ello, irremediablemente, a encontrarse con su injusta muerte. Escuchemos la historia de al menos dos de ellos.

Bety Cariño: La incansable lucha contra el saqueo de la madre tierra.

Soy Bety Cariño, me inicié como observadora electoral y por muchos años trabajé empujando procesos diversos con comunidades de la mixteca de la Oaxaca rebelde. Dirigía la organización Cactus (Centro de Apoyo Comunitario Trabajando Unidos), orientada a que las mujeres indígenas produjeran alimentos en sus comunidades, cuidaran los suelos y el agua, se organizaran para que el gobierno no las siguiera explotando, promoviendo economías comunitarias para que no dependieran de otros sino que ellas mismas fueran construyendo sus propios fondos.

Desde chica me daba mucho coraje ver que la mitad del trabajo de mi familia, la mitad de su esfuerzo, se lo llevaba alguien que nunca había puesto un pie en la tierra. Yo venía de un proceso con la iglesia ligada a la Teología de la Liberación; de justicia, de amor al prójimo, de acercamiento hacia los demás. Mi lucha era porque los pueblos se defendieran en contra de los saqueos de nuestra madre tierra y por la participación activa de las mujeres, porque son ellas quienes llevan la herencia guerrera de sus abuelas.

En esta lucha estaba, cuando el martes 27 de abril de 2010, íbamos compañeros de derechos humanos y yo en una caravana para entregar alimentos y ropa a la comunidad de San Juan Copala en Oaxaca, comunidad indígena que, por su lucha por ser autónoma y libre, estaba bajo bloqueo de paramilitares de la Unión de Bienestar Social para la Región Triqui (UBISORT), pagados por el gobierno de Ulises Ruiz, uno de los mandatarios más represivos que ha tenido Oaxaca. Nos tendieron una emboscada. Un compañero finlandés llamado, Yyry Jakkola, y yo fuimos asesinados de manera hartera. Tenía yo apenas 37 años.

Una multitud de camaradas y amigos de varios estados del país se trasladaron cientos y hasta miles de kilómetros para asistir a mi funeral. Mujeres triquis ataviadas con sus huipiles rojinegros cargaron mi ataúd café hacia mi última morada en mi natal Chila de las Flores, Puebla. En aquel momento, alguien le gritó a mi esposo: “A Alberta no la vas a enterrar. La vamos a sembrar, porque es de las flores más bellas, y su ejemplo dará fruto”.

Hasta el día de hoy no se sabe nada de mis asesinos. La mejor forma de recordarme es que sigan en la lucha, comprometiéndose con la gente, con los más pobres, entendiendo que nada es nuestro, sino que todo lo que tenemos es para el servicio de los demás, para construir un mundo de justicia y dignidad.

Mariano Abarca: “…me dijeron que iban a quebrarme la madre a plomazos para que no siguiera inconformándome con lo de la mina…”

Mi nombre es Mariano Abarca, fui asesinado el 27 de noviembre de 2009 frente a mi casa en Chicomuselo, Chiapas, casi frontera con Guatemala. Yo era líder indígena, miembro de la Red Mexicana de Afectados por la Minería (REMA); llevaba varios años peleando para exigir que la empresa canadiense Blackfire, dueña de la mina “La Revancha”, dedicada a extraer barita, saliera del municipio y de mi estado.

Tuvimos que realizar varios plantones para hacernos oír. Aprendimos a hacer alianzas, como con el Frente Amplio Opositor, que luchaba contra la minera del Cerro de San Pedro en San Luis Potosí, propiedad también de la Blackfire y con compañeros de países como Estados Unidos, Canadá y Guatemala para compartir información de las mineras y conocer de los enormes problemas que éstas han causado en los pueblos por donde han pasado.

Por eso la minera me había echado el ojo. Primero, me secuestraron y encarcelaron ilegalmente; incluso me presionaron para que abandonara la lucha de resistencia, pero no me quebré y preferí seguir preso. Luego me demandaron por ataques a las vías de comunicación, delincuencia organizada y daños al patrimonio de la empresa. Hubo entonces mucha presión nacional e internacional, tanta que al gobierno no le quedó más remedio que soltarme. Cuando Juan Sabines, gobernador en aquel entonces, visitó Chicomuselo, vio que la gente no quería a la minera y fue testigo de la resistencia de las propias comunidades. Pero en septiembre del 2009 hubo una confrontación entre trabajadores de la mina y habitantes del ejido Nueva Morelia, por lo que hasta la embajada de Canadá declaró que la resistencia comunitaria era “peligrosa y posiblemente criminal”.

La lucha les incomodaba por la constante denuncia que hacíamos de los problemas sociales que los grupos de choque, pagados por la minera, causaban en contra de la comunidad. Yo les hacía ver toda la contaminación del ambiente que originaban, pero más que todo, que no tenían por qué llevarse nuestra riqueza a otro país. Por eso me lo habían sentenciado, diciéndome que “iban a quebrarme la madre a plomazos para que no siguiera inconformándome con lo de la mina…”

Tuvo que suceder mi muerte para que la Semarnat parara la mina. Ahora es mi hijo quien sigue la lucha. El gobierno y las mineras no podrán impedir la resistencia de las comunidades, porque esta lucha es en beneficio de todos los chiapanecos y de los mexicanos también.

“Abramos el corazón como una flor que espera el rayo de sol por las mañanas,
sembremos sueños y cosechemos esperanzas.
Recordando que esa construcción sólo se puede hacer:
desde abajo, a la izquierda y del lado del corazón”
.
(Bety Cariño, Febrero 2010)


h2. Altar de muertos

A la memoria de los defensores ambientales caídos en lucha 1

“Aquí están alineados, cada uno con su ofrenda
los huesos dueños de una historia secreta…”

(José Emilio Pacheco, “Caverna”, 1973-1975)

  • Federico Hernández Tapia (1). Comunero. Bosques de Cherán, Michoacán. 1910.
  • José Ramírez Verduzco (2). Comunero. Minera Ternium Las Encinas. Aquila, Michoacán. 1990.
  • Wilfrido Álvarez Sotelo (3). Inspector forestal. Chilpancingo, Guerrero. 2003.
  • José de Jesús Santana (4). Organización de Campesinos Ecologistas de la Sierra de Petatlán y Coyuca de Catalán (OCESP). Guerrero. 2005.
  • Francisco Quiñónez (5). Luchador social. Minera Peña Colorada, Jalisco. 2006.
  • Irene García Ávila (6). Comisaria de la OCESP. Guerrero. 2007.
  • Aldo Zamora (7). Campesino tlahuica. Bosques de San Juan Atzingo, Estado de México. 2007.
  • Dante Valdéz (8). Luchador social. Minera empresa Minefinders. Chihuahua. 2008.
  • Fernando Mayén (9). Abogado y luchador social. Relleno sanitario de Jilotzingo, Estado de México. 2008.
  • Martha Armando Villareal (10). Organización Agrodinámica Nacional. 2008.
  • Miguel Ángel Pérez Cázales (11). Líder comunitario. Área natural protegida en Tepoztlán, Morelos. 2009.
  • Alejandro (12) y Bertín García Cortés (13) y Rogelio García Valdovinos (14). Líderes sociales. OCESP. Guerrero. 2009.
  • Mariano Abarca (15). Luchador social. Frente Cívico de Chicomuselo, Chiapas. Minera Blackfire. Chiapas. 2009.
  • Bernardo Sánchez Venegas (16), Juan Gavia Xingu (17) (inspectores de Profepa) e Isidro Luna (18) (guía de la CONANP). Minera “La Guitarra”, Temascaltepec, Estado de México. 2010.
  • Bety Cariño (19). Líder indígena. Organización Cactus. Defensa de los derechos humanos y los recursos naturales. San Juan Copala, Oaxaca. 2010.
  • Rubén Flores Hernández (20). Líder comunitario. Bosques de Coajomulco, Morelos. 2010.
  • Ernesto Rábago Martínez (21). Líder social. Organización Bowerasa. Chihuahua. 2010.
  • Santana Alonso (22), Sergio Santana Villa (23), Martín Casarín (24), Gilberto Islas (25), Javier Torres Cruz (26), José Delgado Salgado (27) y Enrique Rodríguez Santana (28). OCESP. Guerrero. 2011.
  • Ismael Solorio Urrutia (29). Líder de El Barzón. Minera empresa Mag Silver Chihuahua. 2012.
  • Doce comuneros (41). Bosques de Cherán, Michoacán. 2012.
  • Rubén Santana Alonso (42), Sergio Santana Villa (43), Juventina Villa Mojica (44) y Martín Gilberto Islas (45). Ejidatarios. Defensa bosques de La Laguna, Coyuca de Catalán, Guerrero. 2012.
  • Celso Chávez (46) y Fortino Méndez (47). OCESP. Guerrero. 2012.
  • Bernardo Vázquez Sánchez (48). Coordinadora de Pueblos Unidos del Valles de Ocotlán, Oaxaca. Mina Cuzcatlán, empresa Fortuna Silver Mines. 2012.
  • María Edith Fabiola Orozco (49). Organización Guerreros Verdes. Laguna de Coyuca, Guerrero. 2012.
  • Santiago Ceja Alonzo (50) y David Campos Macías (51). Comuneros. Bosques de Cherán, Michoacán. 2012.
  • Urbano Macías Rafael (52) y Guadalupe Gerónimo Velázquez (53). Comuneros. Bosques de Cherán, Michoacán. 2012.
  • ¿Cuántos más nos faltarán por incorporar a este altar?

Dos ejemplares luchas ambientales

Los comuneros de Cherán Michoacán: fogatas que salvan bosques

El municipio de Cherán está al noroeste del estado de Michoacán, región de clima templado y fresco, con extensos bosques habitados por mapaches, tlacuaches, gato montés, cacomixtles, coyotes y la mariposa monarca. En sus montes crecen añejos pinos, encinos y oyameles que, por ser maderables, han ido sucumbiendo ante la explotación irracional y clandestina que se inició a principios del siglo pasado y que se ha intensificado en las últimas décadas, tal como lo señala el comunero José Trinidad:

“El pueblo de Cherán perdió en menos de una década casi 20 mil hectáreas de bosque; sólo le quedan unas 8 mil. Nos dolió mucho que en abril del año pasado no sólo sacaron madera cerca del manantial que abastece de agua potable al pueblo, sino que también derribaron árboles jóvenes y los quemaron. Fue un crimen que hayan sacado miles de árboles que tanto cuidaron nuestros abuelos y padres”.

Sus habitantes saben que detrás de los talamontes, está el crimen organizando. Van talando y quemando el bosque para saquearlo, pero también se van apropiando de él con el fin de utilizarlo para la siembra de enervantes. Saben que detrás de los talamontes hay gente con mucho poder económico que compra tanto a las autoridades como a la policía. Saben que enfrentarlos es desafiar a toda una organización criminal y como prueba se tiene a las decenas de comuneros que en su momento defendieron su territorio y sus bosques; hoy todos ellos están muertos.

Por eso, la población de Cherán de casi 14 mil habitantes, se hartó del saqueo de sus bosques y, en la madrugada del 15 de abril de 2011, varias señoras de la comunidad empezaron a parar a los carros que transportaban madera, originándose un enfrentamiento. Esta fue la mecha que literalmente encendió el fuego, ya que marcó el inicio de la instalación de “las fogatas” en todas las calles del pueblo, 60 en total, con el fin de bloquear todas las entradas por donde los talamontes pasaban rutinariamente para subir al cerro. Había una fogata en cada esquina, cada quien las puso por su voluntad. Comentan que los hombres intentaban detener a las mujeres, pero ellas se juntaron y se fueron a sus fogatas, armadas sólo con palos. Sin duda tuvieron miedo de que algo les pasara, pero el recuerdo de los compañeros caídos en defensa de sus bosques les dio el coraje suficiente para salir a las calles:

“Yo soy de esa idea de que el día que me toque me va a tocar y si me toca a mí, pus estoy defendiendo lo que es mío, lo que yo quiero. Pero con todo esto que se dio salimos ganando, porque fuimos parando toda la destrucción, todo el saqueo que estaban haciendo otras gentes. Todo el pueblo se unió y jue un beneficio grandísimo para todos, porque íbamos a defender lo que es nuestro, porque no estábamos haciendo nada malo, pero ya no queríamos que nos robaran tanto”.

Mujeres y hombres estaban presentes diario hasta las doce o una de la mañana. Las fogatas no se quitaban porque el gobierno no cumplía con su parte de darle seguridad a la población y hacer justicia. Los talamontes, esos que “roban sus bosques”, seguían pasando por el pueblo, pero al ver a las mujeres apostadas en las fogatas les sacaban la vuelta y se iban para otro lado. Eran tiempos de elecciones, pero a la comunidad eso no le importó, las vieron como un distractor. En su lugar prefirieron invertir el tiempo para “regresar a su historia”, es decir, platicar con sus mayores para que les dijeran cómo debían organizarse, porque como ellos dicen: en el pueblo hay sabiduría, hay conocimiento, hay formas de organización. Integraron un Concejo Superior Comunal, electo bajo el principio de usos y costumbres y avalado por las autoridades electorales de Michoacán:

“…los verdaderos asesores, los del verdadero conocimiento están en nuestros pueblos, aquí la forma de protegerse tradicionalmente era la ronda, le llamaban así porque anteriormente eran personas voluntarias de los cuatro barrios que salían en turnos a hacer la vigilancia; entonces no inventamos nada, solamente retomamos la forma tradicional de cómo se protegían antes de que aparecieran los policías. Para nosotros el policía es el que pone el gobierno, y la ronda es la que surge del pueblo; pedimos voluntarios y salieron muchos a hacer esta ronda comunitaria. No hubo necesidad de correr a los policías porque solitos se corrieron como ratoncitos espantados…”.

Los habitantes de Cherán saben que son muchos los talamontes y muchos más los intereses que hay detrás, pero también saben que como pueblo son mucho más que ellos; máxime si permanecen unidos como hasta ahora.

Ejido La Sierrita de Galeana, municipio de Tlahualilo, Durango: “estamos pobres pero no somos marranos”.

Enclavado al sur del municipio de Gómez Palacio, muy cerca de la reserva de la biosfera Mapimí, encontramos el ejido La Sierrita de Galeana en el municipio de Tlahualilo, Durango. Su clima es agreste y seco, sin embargo, atrapa a la vista la belleza de su paisaje desértico, dominado por matorrales de sotoles, lechuguilla o nopaleras.

El ejido tiene 127 ejidatarios y 6 mil hectáreas de tierra de uso común. Viven ahí mujeres, niños y gente mayor; pues casi todos los jóvenes y hombres se van a Torreón, Coahuila, o al “norte”, en busca de trabajo. Fue en 2004 cuando la empresa minera Excellon solicitó en asamblea general ejidal cuatro hectáreas para uso de exploración y explotación por 30 años, las cuales les fueron autorizadas a cambio de una cantidad irrisoria de un millón 200 mil pesos. La mina es conocida como “La Platosa” porque extraen plata (25% de toda la del país). Ante las grandes necesidades del lugar, la llegada de la mina se vio como un milagro para el pueblo, pero la ilusión les duró muy poco:

“…la verdad es que nos trancearon porque a la hora de la hora cambiaron el contrato y se agarraron 27 hectáreas y no las cuatro acordadas. Hicimos cuentas y no nos tocaba ni para comprar una soda, ansina que qué caso tenía…”

Para 2007 la minera quiso comprar otras 1,100 hectáreas a un precio de 25 mil pesos por hectárea, pero en esta ocasión la población no lo permitió:

“Ellos ganan un chingo de lana y a nosotros nos dejan la pura miseria (*). Así que anduvimos viendo cómo negociar con ellos, porque la minera nos amenazaba con expropiarnos. Antes, la ley decía que las minas eran para todos, pero la cambiaron y ahora son privadas. Las empresas se agencian nuestras tierras y nosotros nos dimos cuenta de eso, de que no nos las podían expropiar porque la explotación que está haciendo la minera es particular y no de utilidad pública”.

  • En un trimestre del 2006 se reportaron ganancias para la empresa de 10 millones de dólares.

Es por ello que los ejidatarios entraron en pláticas con la minera. Querían hacerles ver los daños que estaban ocasionando al ejido, como era el caso del agua:

“Nosotros en Sierrita batallamos mucho del agua, duramos a veces semana sin agua y sin lavar, porque necesitamos conseguirla pa’ tomar. Nos traiban seguido agua de Tlahualilo, pero ahora tardamos hasta 15 días sin agua. La noria no la usamos porque no tenemos pa’ pagar la luz. Los de la minera tienen agua purificada, y una vez les pedimos apoyo en agua y ¿saben de dónde nos la llevaron? ¡del canal!, y les dijimos no somos marranos, estamos pobres pero no somos marranos”.

Además de emplear enormes cantidades de agua, el agua residual que sale de la mina contiene mucho plomo. Esa agua altamente contaminada llega a ser bebida por animales silvestres y domésticos o bien absorbida por las plantas:

“…los animalitos que toman la agua ahí no se mueren luego luego, pero con el tiempo sí. Yo lo he visto, porque ha matado caballos que comen el zacate y se intoxican. Igual les pasa a la candelilla y a otras hierbas, pues están tirando agua que no sirve ni pa’ sembrar ni pa’ animales…”

La minera contraargumentó que contaba con una comisión de medio ambiente y que los reportes de la misma no mencionaban ningún problema en el lugar. Sin embargo, los ejidatarios aseguraron que las 27 hectáreas usadas estaban siendo afectadas:

“Nuestras tierras no nomás tienen plantas, tiene mármol de muy buena calidad, tiene la lechuguilla, tiene la candelilla, tiene el orégano, tiene sotol de donde sale vino pa’ beber. Tiene venados, tiene jabalíes, tiene tejones, tiene coyotes, tiene liebres, tiene conejos y muchas cosas que precisamente también esa agua que sale de la mina les está perjudicando”.

Igualmente, señalaban que el paisaje se iba transformando y era desolador, ya que se arrasa con cualquier cosa que exista alrededor:

“…han talado los cerros, dejan hartos hoyos por todas partes, y todo eso hace que se acaben las plantas que antes teníamos, algunas pa’ comer y otras como medecina. Dicen que están reforestando donde están explotando la mina, pero ¿saben cómo le hacen?: sus trabajadores arrancan plantas silvestres de zonas aledañas a la mina y entonces las meten en donde está el terreno dañado, y pos claro, las plantas se mueren porque las sacan de un lado y las meten en otro, pero ni se fijan cómo y pus no se dan”.

Las autoridades están coludidas con la minera. Dentro de la mina se requiere el uso de ropa especial, para que no se pudra por la humedad; los zapatos requieren casquillo de acero, pues es común que caigan piedras, por lo que los empleados corren el peligro de una fractura, sin que por ello se tenga permitido dejar de ir a trabajar:

“El trabajo es pesado y pagan mal, como mil 200 pesos a la semana, sin prestaciones y sólo se descansa en domingo. Si te quejas, te bajan el sueldo y te mandan a zonas más peligrosas de la mina, donde hay derrumbes. Los inspectores del gobierno vienen pero no saben de minas, dicen que nomás les dan un curso por internet y con eso elaboran su reporte”.

Los ejidatarios que trabajan en la mina crearon un sindicato a fin de evitar los abusos de la empresa. Se hizo un paro de labores, se cerraron los accesos a la mina, se instaló un campamento pacífico, pero a la minera no le importó porque le apostaba al desgaste. En esa lucha estuvieron apoyados por compañeros de la organización llamada Prodesc (Proyecto de Derechos Económicos, Sociales y Culturales A.C.), quienes con un arduo trabajo de base se fueron ganando la confianza de los ejidatarios, hasta ser vistos como parte de la comunidad:

“…sin ellos no sé qué hubiéramos hecho. Nos enseñaron a conocer nuestros terrenos, a revisar el contrato firmado con la empresa Excellon, a hacer asambleas y a tomar acuerdos. Nos decían que aunque hubiera muchas diferencias entre nosotros, no nos podíamos dividir porque la fuerza que nos mantenía unidos era que la empresa nos quería chingar y no lo debíamos permitir…”

Fue así como lograron sacarle diversos compromisos a la empresa como: el no vender sus tierras sino rentárselas; la construcción de una planta de tratamiento de aguas residuales; la reforestación de la zona afectada y el pago de un fondo social al ejido. Finalmente, los ejidatarios comprendieron que la lucha organizada es una manera estratégica para dar los pasos necesarios a fin de alcanzar la victoria.

Epílogo

Y mientras lo anterior sucede, seguramente en la capital, algún incauto cuentahabiente se estará dirigiendo al banco de su preferencia a guardar sus ahorros; sin saber que tal vez su dinero será invertido, junto con el de otros miles de ahorradores como él, en el gran negocio de la minería10. O bien, quizá habrá otro urbanita esté comprando alguna alhaja de oro o plata11, sin comprender siquiera que esa joya que brilla ante sus ojos, va impregnada del alma de miles de seres vivos que murieron para que aflorara el preciado metal; acompañada a su vez, de la esperanza quebrada de los pobladores del lugar donde se extrajo, con la paradoja de que, teniendo ese mismo oro o plata debajo de sus pies, nunca sus ojos lo pudieron ni siquiera mirar, aunque tuvieron la ilusión de que algún día los sacaría de su miseria.

11 HUELLAS DEL DRAMÁTICO ROSTRO DE LA MINERÍA EN MÉXICO

1. México tiene 200 millones de hectáreas por concesionar, de las cuales 31 millones han sido ya concesionadas. Se debería pagar el uno por cierto del mineral exportado, pero no hay tal beneficio para las comunidades.
2. De los 28 millones de hectáreas que se reconocen como el núcleo de los territorios indígenas, alrededor de dos millones fueron concesionados entre 2000-2012, durante los dos gobiernos panistas, para la minería metálica, sin que las comunidades se hubiesen enterado.
3. La mayoría de las minas son a cielo abierto, donde las actividades de explotación se hacen sobre la superficie del terreno. Es un proceso industrial de alto riesgo, destructivo de ecosistemas, y de grave afectación para las poblaciones humanas. Se utilizan explosivos, varios de ellos prohibidos en otros países. Sin embargo, son las más redituables.
4. La renta por la explotación de las tierras es de sólo 50 centavos el metro cuadrado.
5. Se reporta que en las explosiones se forman hongos enormes que invaden de gases tóxicos el aire, afectando gravemente la vida silvestre.
6. Un cerro de 120 millones de toneladas de material se reduce a un metro cúbico de oro. Al término de la explotación del lugar quedan paisajes totalmente deformados.
7. La cantidad de agua que se emplea en una mina de oro en una hora sería suficiente para abastecer a una familia durante 25 años.
8. El proceso de extracción de oro implica la elaboración de una mezcla de agua con cianuro, altamente tóxica. Ésta se riega sobre la superficie del mineral molido a fin de sacar el oro de la roca, por lo que, aunque exista una cubierta plástica, si se troza, como sucede frecuentemente, se contamina el suelo y el subsuelo.
9. Los infantes mineros son niños que trabajan en el 18% de los yacimientos de carbón. Por su bajo peso y estatura, se introducen fácilmente en los tiros de éstas. Laboran de 8 a 12 horas por jornal y reciben la tercera parte del pago de un adulto. Forman parte de los 600 mil niños que hacen tareas peligrosas, según la OIT.
10. Los bancos son recaudadores monetarios, voluntariamente les damos nuestro dinero para que hagan con él lo que mejor les convenga; por ejemplo, invertir en empresas mineras. Pero como nadie nos dice a dónde va a parar nuestro dinero, no nos sentimos responsables de ello.
11. El oro que se extrae de las minas es utilizado de la siguiente manera: 52% en joyería, 16% en reservas de los estados, 18% en inversiones privadas por las crisis monetarias y el 12% es para uso industrial.

Texto publicado originalmente en el libro Reyes, Javier y Elba Castro (Coords.) (2014) ¡Oye cómo va! Ensambles narrativos de educadores ambientales. México, La Zonámbula/UNAM/Maestría en Educación ambiental U de G. pp. 35-51

1 (Nombre/ número consecutivo/ actividad/ tema o causa de su defensa/ lugar del país/ año de su asesinato).

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