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LA CLASE

Tema del mes

Alfredo Villegas Ortega


La reforma educativa de Nuño, como Superman...

Cuatro años de tensión entre una autoridad que intenta imponer y una base magisterial terca, digna y resistente por una simple razón: porque ven vulnerados sus derechos, que no sus privilegios como ostenta el discurso oficial y una buena cantidad de voces y plumas en la radio, televisión y prensa escrita; y decimos base magisterial, pensando en los maestros y maestras de la república , porque no sólo es la CNTE, que quede muy claro, aunque, evidentemente, son la fuerza que aglutina y resiste, la vanguardia, pues. Y cabría añadir, por más que los estigmaticen, que son, a la fecha, la única organización que se opone a las medidas neoliberales que tanto daño han causado al país.

Niños sin clases. Niños rehenes de la CNTE, dicen Peña, Nuño, Osorio, desde el gobierno; secundan y encienden los ánimos populares desde la prensa, Loret, Marín, Alemán. Nadie quiere un país sin clases, pero el discurso ramplón y simplista de quienes afirman esto, depositando toda la responsabilidad en los “maestros revoltosos, haraganes que no quieren perder su privilegio”, es de un cinismo y descaro brutal. ¿Por qué no se preguntan estos jilgueros quiénes atizaron el fuego? ¿Quiénes han abandonado a niños, escuelas, maestros y poblaciones durante décadas? ¿Por qué hablar de un diálogo que nació muerto desde el momento en que el gobierno (presionado e impulsado por los empresarios, léase primordial pero no únicamente, Mexicanos Primero) pusieron como condición no tocar lo medular de la reforma: la afectación de los derechos laborales de miles de maestros, no sólo los revoltosos de Oaxaca, Michoacán, Guerreo y Chiapas? En qué clase de diálogo se tendría que estar pensando, si quienes han sido despojados de sus de–re–chos, no pueden objetar, negociar, proponer? ¿Dialogar, para que nada cambie?

Después de esa lucha, de abusos del poder, de la utilización de mecanismos de protesta social —ante la sordera, intereses económicos y soberbia del gobierno —como el paro, las marchas y otras más extremas como el cierre de pasos importantes y la toma de casetas, sólo hasta entonces, después de cuatro años, el gobierno se dio cuenta que se había puesto primero los zapatos y que faltaban los calcetines, o como superman, que debía ponerse los calzoncillos aun por encima del pantalón; es decir, acabó reconociendo en los hechos, que había cometido una estupidez imperdonable y, como si nada, sacan de la manga un as cuando la partida y el sexenio agonizan. Un as, habrá que decirlo, que no es tan valioso a estas alturas, porque ni es tan novedoso ni revolucionario como proponen, pero que, en efecto, tendría que haber sido el primer paso que debieron haber dado: la reforma pedagógica. Probablemente, de haberse comenzado por ahí, a estas alturas estaríamos discutiendo sus alcances, proponiendo, analizando su pertinencia, rechazando lo que estuviera mal y adecuando o aplicando aquello cuyas bondades resultaran, si no inapelables, al menos funcionales. ¿Acaso no se ha hecho así, siempre, en las sucesivas reformas que se han determinado por la autoridad? Claro, porque eso se llama política educativa y es atribución del gobierno dictar el rumbo, modelo, plan, reforma o todo aquello que considere, por aberrante que sea, como ha ocurrido y se han dado clases a miles de niños en todo el país, con la resistencia, traducción, interpretación y adecuación pedagógica necesarias, y que son resultado de la experiencia, sapiencia y conocimientos de los maestros mexicanos, pésele a quien le pese. ¿Por qué la resistencia ahora tan tenaz? Porque se afectan derechos laborales, simple y llanamente por eso. En un estado de derecho, los trabajadores tienen derecho a hacerse escuchar y si el gobierno es sordo, la presión tendrá que escalar hasta que sean escuchados, encarcelados, reprimidos, etc. Eso depende del talante del gobierno y éste ha dado muestras de su autoritarismo. Veremos de qué lado se rompe la cuerda o si es posible destensarla para bien de todos.

¿Y los calzoncillos de superman? Es decir, ¿qué hay de la reforma que hasta ahora, a cuatro años, propone el gobierno?

Se habla, en principio de la formación de ciudadanos con valores, participativos, responsables. La primera pregunta que me viene a la mente es: ¿Acaso no se venía haciendo así o no es parte medular de la asignatura de Formación Cívica y Ética en secundaria? A pesar de la pregunta, cabe decir que, en efecto, ese sería uno de los ideales a seguir, a saber, esa masa crítica, participativa y propositiva que le confiera un nuevo rostro a esta accidentada, en ocasiones ausente y alienada sociedad.

Otra de las premisas en las que se apoya el anuncio reciente de la reforma, se refiere al “derecho de niños y jóvenes a una educación de calidad”. Este eufemismo ha sido una de las mayores lacras de la educación en los últimos tiempos, pues es tan vago e impreciso que puede entenderse como mejores insumos, condiciones para aprender, métodos, resultados, preparación de los maestros, salones adecuados, baños dignos, espacios verdes, bibliotecas, internet de banda ancha, gratuidad real, horas de permanencia en la escuela, salarios profesionales para quienes encabecen esa propuesta y lo traduzcan en calidad del servicio. En fin, eufemismo puro. ¿Qué es la calidad? Ni ellos lo saben.

El ‘nuevo’ “ Modelo Educativo plantea la construcción de un sistema de desarrollo profesional basado en el mérito, anclado en una formación inicial fortalecida tanto en las escuelas normales como en las universidades, y con procesos de evaluación que permitan ofrecer formación continua pertinente, útil y hecha a la medida de las necesidades de los maestros”. De antología. Con el abandono en que se encuentran las escuelas Normales y con el sistemático ataque gubernamental, que las muestra como sub escuelas, con el magro presupuesto que reciben, encima, ahora, se hace oficial su competencia abierta, aunque desigual y desleal, ante las demás universidades, y lo primero que cabe preguntarse es: ¿Cómo se va a fortalecer en las universidades esa formación inicial? Salvo la UPN cuya orientación e historia es otra, no cabe en la cabeza idea tan suelta y demagógica. No se podrá cubrir ese requerimiento de maestros bien capacitados en las escuelas de educación básica sin el apoyo real y el reconocimiento oficial a los saberes adquiridos por los egresados de las Normales y a la cédula que la propia autoridad emite.

El Modelo habla de la inclusión y equidad. Ese sería un principio de una filosofía educativa. Bienvenida la inclusión y la equidad. Esperemos que el presupuesto para educación, lejos de disminuir, incremente, pues en los hechos sería una muestra de la importancia que tiene la educación para el gobierno. Hablar de equidad, es hablar de la correspondiente asignación compensatoria de recursos extraordinarios para una gran cantidad de escuelas rurales y varias urbanas, que no cuentan con los mínimos insumos para funcionar. Quizá así la calidad podría llenarse de algún significado. La inclusión es, en efecto, uno de los problemas que aquejan a una sociedad clasista, racista y que va filtrando hacia el poder a los que pertenecen a las élites y al olvido y la marginación a los que siempre han perdido. Incluir es tarea de la escuela, pero no solo de ellos, y siendo francos, es algo que no se alcanzará con la sola atención educativa sino que es una tarea que atañe a los diversos sectores sociales. Es un problema cultural que hay que atacar ya, pero del cual los resultados no serán tan próximos como se quisiera.

Cuando se habla, por otra parte, de la “gobernanza del sistema educativo”, se piensa en una participación más amplia de la sociedad en la tarea educativa. Es un doble filo, veremos cómo se plantea y, de ser así, cómo opera en los hechos. No vaya a significar abrir más más puertas a los empresarios, lo que resultaría catastrófico.
La parte que se refiere a la “Propuesta Curricular en la Educación Básica y Media Superior”, es muy importante, pues va desde la importancia del aprender a aprender, pasando por una educación humanista, científica y centrada en los aprendizajes de los estudiantes. Suena bien. Pero no es nada nuevo. Lo importante será ver cuáles son sus alcances una vez que se traduzca en enfoques, contenidos, propósitos, pertinencia, adecuación, selección, independientemente de la nomenclatura.

Para ello, se habla de “una mayor selección de contenidos en toda la educación obligatoria, desde Preescolar hasta Educación Media Superior.”

Aprender a aprender, deberá empezar por el planteamiento de aprendizajes claros. Otra vez los eufemismos. Pero, bueno, se dice que se estructurarán en tres áreas: “Primero, lenguaje y comunicación, en donde además del español se incluye una concentración muy importante de la enseñanza del inglés y de las tecnologías de la información. Segundo, el pensamiento lógico y matemático. Y tercero, la exploración y comprensión del mundo natural y social, que incluye la formación cívica y ética”. Excelente, pero nada nuevo. Acaso pensar si ahora todo México será territorio de la célebre compañía telefónica o de otras o como sea; es decir, ¿habrá la infraestructura y presupuesto para desplegar la banda ancha por todo el territorio, a efecto de que las TIC sean asequibles para todos y nos coloquen el umbral del primer mundo? El ‘aprendizaje’ de las lenguas extranjeras ha sido uno de los ganchos de las escuelas particulares por años, y en la mayoría no se aprende a hablar, entender o comunicarse efectivamente en inglés que es el idioma predominantemente enseñado. En fin, ojalá haya muchos maestros de inglés y la condición bilingüe nos haga competitivos internacionalmente. Respecto a la comprensión del mundo natural y social y la formación cívica y ética, sobra decir la importancia de éstas, pero, nuevamente, nada se está aportando, lo que habría que ver son sus alcances y la orientación que se les dé a los planes y programas de estudio.

La propuesta incorpora al currículo, “actividades que promueven el desarrollo personal y social como las artísticas, culturales y deportivas”. Lo que sigue, más abierto y ambiguo no podría resultar: (…) así como aquéllas que enseñen a regular sus emociones y desarrollar valores para la convivencia, porque hoy se sabe que las habilidades socioemocionales son fundamentales no solamente para el desarrollo personal y la convivencia, sino para el propio aprendizaje”.. Sic.

Por otra parte, se habla de una flexibilidad curricular en las escuelas (ajedrez, educación financiera, robótica…), lo cual es muy importante, pero en los hechos, podría ser una coartada para pronunciar la diferencia, pues, ¿qué escuelas y bajo qué condiciones podrá implantarse robótica, por ejemplo, en una comunidad de las más pobres y apartadas de la república? Sueños guajiros, demagogia o atole con el dedo. Viva la diferencia.

Por lo que respecta a la educación media superior, ojalá y se concrete la definición de un perfil de egreso para todos, pues las diferencias existentes significan, en los hechos, un filtro gigante para el acceso a la educación superior. Eso, de facto, es un filtro de exclusión social. Hay tantos tipos de bachillerato como niveles de competencia de sus egresados. De hacerse ese perfil de egreso para todos, se habrá dado un gran paso.

Como puede verse, hay algunas bondades, ambigüedades, novedades, aberraciones, imprecisiones, utopías y demás. Lo que es un hecho es que, como superman, se pusieron los calzoncillos, por encima de los pantalones. Esta era la reforma educativa que debieron haber planteado, no por buena, sino porque ésta sí habla de contenidos, intenciones pedagógicas y algunos principios de filosofía educativa. Por más que esté mal remendado, este era el calcetín que faltaba para empezar a debatir si es o no el adecuado. La otra reforma, la laboral, no pasará. No lo permitiremos. Es un atentado contra del magisterio nacional.

Tal vez, de haber sido la propuesta inicial, ya estaría funcionando, con los jaloneos, adecuaciones y evaluación real de su funcionamiento. Por desgracia, sus intereses de fondo son otros. Ya veremos cómo se van procesando ambas propuestas, aunque en este caso….haya que esperar hasta 2018. Otro ardid. ¿Aguantará el paso de dos años? Y sobre todo, ¿Será el gobierno siguiente quién avale lo que de entrada venía deslegitimado? Lo dudo mucho.

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